La política en modo pelea

El pendenciero suele presentarse como enemigo de las élites, aunque conoce perfectamente las ventajas del poder y de la exposición pública. Su rebeldía puede convivir cómodamente con el cálculo electoral, el personalismo e incluso con prácticas muy tradicionales de acumulación de influencia.

En política, como en otros ámbitos de la vida, hay una amplia galería de estilos, de formas de sumirse en el debate, sea o no sea confrontacional.

Tenemos al político pragmático que negocia y busca acuerdos, al moralista que juega a la antipolítica, al político identitario que gira en torno a una causa y al aspirante a estadista que piensa más allá de la contingencia. En fin, una tipología que, en buena hora, refleja la variedad  humana.

Pero hay un tipo de protagonista que no encaja en el cuadro ideal de la política, la de alto estándar y fineza de argumentación: es el peleador permanente, aquel que vive de la denuncia, de la interpelación y de frases rotundas, al hueso del adversario o, a veces, del propio aliado.

Es un político que concibe la vida pública como una riña permanente. No entra al debate para confrontar argumentos, sino para doblegar adversarios; tampoco busca persuadir a quien piensa distinto, sino exhibirlo, provocarlo ante las........

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