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Humanizar la IA, el siguiente paso lógico en la conversación acerca del futuro

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21.04.2026

Chile ya decidió que la IA será un pilar de su competitividad. Lo que todavía está en juego es el tipo de liderazgo que la va a gobernar: uno que corra detrás de la tecnología o uno que la ponga explícitamente al servicio de las personas.

En los próximos meses, muchos directorios y equipos ejecutivos van a sentarse en salas llenas para hablar de inteligencia artificial (IA), productividad y futuro. Tres sondeos recientes con mesas directivas en Chile muestran que la IA –junto con la ciberseguridad y la protección de datos– aparece como una de las principales prioridades de los directorios para 2026, pero al mismo tiempo la gran mayoría de los directores declara tener casi nula experticia en el tema. Es decir, sabemos que la IA es estratégica e importante, pero todavía no sabemos cómo gobernarla.

En paralelo, casi todas las empresas tienen acceso a las mismas herramientas, como plataformas de IA generativa, suites de productividad con asistentes integrados, soluciones de analítica avanzada. La pregunta que casi nunca aparece en las presentaciones, pero que sí se escucha en los pasillos, es: si todos tenemos la misma tecnología, ¿dónde está la ventaja competitiva?

La respuesta es incómoda pero simple: en la parte humana. No en el modelo, sino en cómo decidimos usarlo. No en la cantidad de datos, sino en el criterio con que los interpretamos. No en la automatización, sino en la calidad de las conversaciones que somos capaces de sostener alrededor de esa automatización.

Cuando hablamos de “humanizar la IA”, imaginamos interfaces amables, chatbots que nos llaman por nuestro nombre o avatares que sonríen. Pero la literatura dice algo distinto y es que la verdadera humanización no ocurre en la pantalla, sino que en el diseño de los sistemas y en la calidad de las decisiones que toman las personas que están detrás.

En las unidades de cuidados intensivos, por ejemplo, ya se habla de un cambio de paradigma hacia sistemas de IA centrados en el humano. Eso significa dejar de pensar en “el modelo” como protagonista y empezar a ver la IA como parte de un sistema sociotécnico donde el médico sigue siendo el agente moral que decide.

Los estudios muestran que, cuando la IA se diseña con los profesionales de salud, respetando su flujo de trabajo y manteniendo opciones claras de supervisión y corrección humana, los resultados clínicos mejoran sin erosionar la autonomía profesional. Esa es precisamente la conversación que falta en........

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