Cuando la ola deja de obedecer
La diferencia aparece al perder poder: el militante pregunta cómo seguir ayudando; el oportunista, qué cargo recibirá.
La anunciada salida de dos vicepresidentes nacionales y de la presidencia de la Juventud PPD ha sido presentada como una decisión política profunda, casi como un acto de consecuencia histórica. Sin embargo, cuesta no advertir un detalle bastante menos heroico: mientras tuvieron el poder interno, manejaron la estructura, ocuparon cargos e influyeron en las decisiones, las diferencias parecían perfectamente soportables y el PPD seguía siendo una colectividad digna de sus esfuerzos. Bastó que otros asumieran la conducción para que descubrieran, con conmovedora rapidez, que el partido ya no los representaba.
La revelación llegó justo cuando se acabaron los cargos. Debe ser una de esas extraordinarias casualidades de la política.
Durante todo el tiempo que tuvieron poder no alcanzaron a notar la profundidad de los problemas. Tal vez la vista desde la mesa directiva no permitía observarlos o los sillones eran demasiado cómodos. Quizás la crisis del partido, según su particular calendario, comenzó exactamente cuándo dejaron de administrarlo: mientras mandaban, había que cuidar la unidad y discutir internamente las diferencias; cuando perdieron y otros comenzaron a mover las piezas, la unidad dejó de ser tan importante y el tablero entero pasó a ser inaceptable. No parece una diferencia ideológica, sino una dificultad para aceptar que el poder también se pierde.
La política se parece bastante al surf. A veces estamos arriba de la ola, convencidos de que dominamos el océano.........
