Envejecer sin sindicato, sin partido y sin parroquia
Las instituciones de socialización de la infancia y la juventud funcionan razonablemente bien en un país donde la cobertura escolar es casi total y donde cada vez más jóvenes acceden a la educación superior; las de la adultez, sin embargo, se desmantelaron sin reemplazo a la vista.
En la consulta, hombres chilenos mayores de cuarenta años cuentan con regularidad que no tienen o no ven a sus amigos, que el trabajo concentra casi todo su contacto con otros y que las salidas se han limitado a algún compromiso excepcional.
Ninguna crisis puntual lo explica. Quienes trabajamos en clínica con población adulta venimos observando ese estrechamiento desde hace años.
Para entenderlo conviene mirar la biografía completa. Durante las primeras décadas de la vida, la familia, el colegio, la universidad, el primer empleo y otras instituciones semejantes proveen encuentros diarios, pares disponibles y rutinas compartidas, de modo que nadie necesita iniciativa relacional para tener con quién estar. Esa abundancia deja instalada la sensación de que los vínculos, una vez formados, se sostienen solos.
Esa sensación se pone a prueba en la adultez. Hacia los treinta, la energía disponible se concentra en el proyecto familiar y en el trabajo, y las amistades pasan a segundo plano bajo la premisa de que seguirán ahí........
