Lo que nos convierte en padres es el bebé

La escena contemporánea de la paternidad está llena de hombres que intentan habitar un lugar para el que nadie los preparo realmente.

Hace algunos años, la escena habría parecido excepcional. Hoy es completamente cotidiana: un padre empuja el coche mientras responde correos o WhatsApp desde el celular, lleva la mochila con mamaderas, conoce el nombre del pediatra y sabe exactamente cómo dormir al bebé cuando llora de madrugada. Alguna vez escuché a un padre contar que su hijo sólo se dormía oyendo canciones de Luis Miguel. Participa. Está. Acompaña. Sin embargo, algo de su presencia todavía parece vivirse en calidad de “visita”.

La escena contemporánea de la paternidad está llena de hombres que intentan habitar un lugar para el que nadie los preparó realmente. Se les exige involucramiento emocional, disponibilidad afectiva y presencia activa en la crianza, pero muchas veces sin ofrecerles un espacio simbólico claro desde donde ejercer esa función. Entre el viejo mandato del padre distante y el ideal moderno del padre sensible, pareciera que muchos hombres quedaron suspendidos en una especie de intemperie subjetiva.

Tal vez una de las preguntas más silenciosas de nuestra época no sea solamente cómo criar a un hijo, sino desde dónde un hombre llega a convertirse en padre. Durante décadas, la experiencia perinatal fue pensada casi exclusivamente desde la relación madre-bebé. Y aunque aquello permitió comprender profundamente la importancia de ese vínculo temprano, muchas veces dejó al padre ubicado en un lugar secundario: como apoyo práctico, acompañante o figura periférica dentro de una escena emocional que parecía no pertenecerle del todo.

Sin embargo,........

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