¿El apocalipsis sirve para vender la IA?
Paradójicamente, entonces, las mismas reglas destinadas a protegernos podrían terminar fortaleciendo al oligopolio de quienes ya dominan el negocio.
Algo curioso ocurre con la inteligencia artificial: quienes más trabajan para hacerla poderosa son también quienes más nos advierten de que podría volverse muy peligrosa. Hablan de pérdida del control humano, de máquinas superiores a nosotros e incluso de riesgos existenciales para la humanidad.
Durante décadas se pensó que una inteligencia superior a la humana tardaría mucho en llegar. Habría años para comprenderla, domesticarla y ponerle reglas. Pero alrededor de 2012 y, sobre todo, desde 2022, los avances se aceleraron de manera espectacular. Y persiste algo inquietante: ni siquiera quienes construyen estos sistemas comprenden íntegramente todo lo que sucede dentro de esa famosa “caja negra”.
Algunos científicos se alarmaron y abandonaron sus empresas para hablar con mayor libertad. Nadie quiere pasar a la historia como el Oppenheimer de una bomba que piensa.
Sam Altman, Dario Amodei, Elon Musk y otros líderes tecnológicos comenzaron entonces a solicitar regulación, auditorías y controles para los sistemas más poderosos.
Entonces los suspicaces levantaron una ceja y esbozaron una sonrisa pícara.
Porque resulta curioso que quienes participan en una carrera tecnológica feroz, multimillonaria y, hasta ahora, muy libre de reglas pidan que aparezca un árbitro, que entre a la cancha, les quite la pelota y les imponga reglas.
¿No sería más lógico que prefirieran el laissez-faire y dejaran a la famosa mano invisible del mercado controlar sus instintos desbocados?
Quizás realmente los mueve la seguridad. Es........
