Chile y la defensa de sus intereses permanentes en el extremo austral

Mantener una relación constructiva con Argentina es no solo deseable, sino también necesario, pero esa relación no puede construirse a costa de relativizar posiciones propias en materias sensibles, porque en el extremo austral los gestos de hoy pueden convertirse en precedentes mañana.

En política exterior, las coincidencias rara vez son casuales. En el lapso de pocos días, dos episodios distintos (pero conectados) han vuelto a poner a Argentina en el centro de un debate incómodo para Chile: el respaldo del gobierno de José Antonio Kast a los “legítimos derechos de soberanía” argentinos sobre las islas Malvinas/Falkland; y las declaraciones del contralmirante trasandino Hernán Montero, afirmando que la “boca oriental” del estrecho de Magallanes sería argentina.

Dos hechos distintos, pero que remiten a un mismo eje: límites, soberanía y proyección estratégica en el extremo austral.

El primero de estos elementos –las Malvinas/Falkland– no es, en rigor, una novedad. Desde el retorno a la democracia, en marzo de 1990, bajo el gobierno de Patricio Aylwin, Chile ha sostenido una política consistente de respaldo al reclamo argentino en el marco de las resoluciones de Naciones Unidas que llaman a una negociación con el Reino Unido.

Esa línea fue mantenida por administraciones sucesivas, desde Eduardo Frei Ruiz-Tagle hasta Gabriel Boric, con una fórmula relativamente estable: reconocer la existencia de una disputa de soberanía, promover el diálogo y evitar validar unilateralmente la administración británica. Sin embargo, el lenguaje utilizado recientemente por Kast introduce un matiz relevante. No en el fondo, pero sí en la forma. Hablar de “derechos legítimos de soberanía” no es lo mismo que invocar resoluciones multilaterales. Es un cambio de énfasis. Y en política exterior, los énfasis importan.

Ese cambio de tono adquiere otra dimensión cuando se observa el segundo episodio. En enero de 2026, en un........

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