La República es mucho más que un protocolo
¿Por qué no comportarnos de manera más austera y, sobre todo, cumpliendo cada vez mejor el virtuoso y difícil compromiso con el bien común, sin limitarlo a las meras declaraciones y discursos donde todos aparecemos diciendo lo correcto, pero no siempre lo hacemos?
“República” es una palabra que se distingue claramente de la “monarquía”. Esta última es el gobierno de uno solo –el monarca–, mientras que la república es de todos y, aun mejor, para todos. En rigor, si la monarquía es una forma de gobierno –lo mismo que la democracia–, la república es un modo o manera de gobernar, si bien algo más que un simple estilo de hacerlo, caracterizado por el hecho de que la atención es puesta en todos y nadie se encuentra sometido al poder de otro. La república es una institución entre iguales y no entre dominadores y sometidos. Tanto mejor si una república –que es para todos– es también democrática, es decir, de todos.
Digámoslo una vez más: la democracia es el gobierno del pueblo –y de ahí la alta exigencia de todas y cada una de sus reglas–, al paso que la república es el gobierno para el pueblo, que también es algo muy difícil de lograr. La democracia indica quién puede ejercer el poder político, en tanto la república determina para qué se ejerce ese poder; o sea, con qué finalidad, que en una república no puede dejar de ser sino el bien general o común y, más concretamente, que nadie pueda apropiarse de bienes públicos como si se tratara del patrimonio privado de los gobernantes y demás autoridades.
La república es abnegación de los gobernantes como también de los gobernados, algo muy parecido a la virtud o, cuando menos, a la posesión de ciertos atributos especiales. No se trata de la voluntad general, sino de la voluntad de todos. No es el bien para unos, sino para todos. La república no repudia los intereses particulares de los sujetos privados, pero bajo la........
