Ludo |
No voy a desarrollar todo lo que pasó en esta conversación vía WhatsApp un martes cualquiera. Con él llevo casi dos años de trabajo terapéutico, en los cuales hemos comprendido que detrás de su adicción al juego hay una profunda sensación de impotencia. Fue un niño inquieto, necio, tal vez con un TDAH nunca evaluado, acostumbrado a dejar todo para última hora y a convencerse de que algo parecido a la suerte lo salvaba de los embrollos.
• ¿Dónde estás? • En el baño de mi casa, encerrado. No puedo salir, no puedo ni mirarle la cara a mi esposa. Ya me tocó la puerta dos veces, pero ¿qué le puedo decir? ¿Cómo le digo que me gasté todo, que volví a caer, que saqué........