La semilla equivocada cuesta más que la buena

Colombia perdió el 24% de su producción de coco entre 2021 y 2023: pasó de 155.000 toneladas a menos de 118.000, según cifras de la UPRA. Al mismo tiempo, el mercado global de derivados del coco (agua embotellada, aceite virgen, leche, harina y carbón activado) registra crecimientos de dos dígitos anuales en los mercados de América del Norte y Europa.

La paradoja es difícil de ignorar: el Caribe colombiano, con las condiciones agroecológicas entre las más favorables del hemisferio, retrocede en el momento en que el mundo más demanda lo que aquí puede producirse. La explicación no está en el clima ni en el suelo. Está, en buena medida, en la semilla. En agronomía existe un principio que los grandes proyectos productivos no negocian: el techo de rendimiento de un cultivo está fijado desde el momento en que se elige el material genético. Todo lo que venga después (manejo agronómico, fertilización, riego, logístico) opera dentro de ese límite. Si la semilla es ordinaria, el techo es bajo. Si la semilla es mejorada, el potencial se amplía en proporciones que cambian la ecuación financiera del proyecto. Los números lo........

© El Meridiano