La casa que somos

Yo soy de Sincelejo y quizás por eso aprendí muy temprano que la cultura no necesita pedir permiso para entrar a una casa. Entra con una banda, un fandango, el sonido de un acordeón, una historia contada por los abuelos o unas manos que convierten la caña flecha en identidad.

Los costeños sabemos de eso. En Sucre y Córdoba la vida tiene banda sonora. Hay porro, gaitas, acordeones, fandango, artesanos que tejen memoria y pueblos enteros que se reconocen cuando suena la primera nota. Pero basta recorrer Colombia para descubrir que esa historia cambia de ritmo sin dejar de ser nuestra. El Caribe tiene tambores y cumbia; el Pacífico, marimba; los Llanos, arpa y cuatro; Nariño se pinta........

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