Pólvora y miedo animal |
El veinticuatro y treinta y uno de diciembre, mientras los humanos celebramos con risas, se desata una realidad paralela y atroz. El aire espeso que huele a pólvora quemada no sólo trae júbilo sino pánico desquiciado para millones de seres sintientes. La pirotecnia no es una fiesta, sino un acto de barbarie sensorial, un muro infranqueable de terror que la sociedad tiene el deber moral de moderar.
La escena se repite en miles de hogares, quizás en el tuyo. En mi caso, Lucky, un husky siberiano que poseo, para él la noche de paz fue un infierno absoluto. Su aullido natural se convirtió en un grito........