Jardín perdido

El jardín, en un acto de rendición que lo estremece, ha cerrado sus ojos.

En el vapor de la manzanilla ya no se oye la risa blanca de sus pétalos, sólo el eco frágil de un susurro que aquella abuela había perdido. El té se enfría por la distancia de un recuerdo ajeno, el fantasma de una canción mal tarareada. Se le observa con las manos llenas de una herencia sellada, tras la magia esfumada de un beso al olvido. ¿Quién, en este mundo sordo, sabrá escuchar el lamento de la tierra vacía? La caléndula, faro de sus heridas, ahora reserva su luz. La aplica........

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