Elixir del sol: oda a la pereza divina |
Quiero decirte una confidencia esencial que los hechiceros del tiempo han guardado con celo: el verano no es una estación. Es una disposición del alma, una adivinación tejida con filigranas de oro y amagos de cristal. Se nos tatúa en la piel cual vaho suave de amor eterno, un licor de dulce miel sublimado por los dioses antiguos de la holganza. ¿Y su risa? Un trino leve que no escuchan los oídos, sino las entrañas, una salmodia que se desliza en el murmullo cómplice de las olas, esas viejas sibaritas del mar.
¡Ah, el relojito! Ese tirano de manecillas........