El silencio emplumado de la 27

En el corazón de Montería, frente a la solemne Catedral, el viernes 23 de enero, se desplegó un velo de misterio que desdibujó la línea entre lo cotidiano y lo inefable. No fue un anuncio ni una procesión, sino el más absoluto de los silencios.

Un mutismo blanco, grisáceo, grabado sobre el asfalto. Las palomas, viajeras perpetuas del aire urbano, vigías de cornisas y testigos mudos del afán de la calle 27, decidieron, en un acto de unanimidad incomprensible, surcar el vuelo hacia una quietud definitiva. Sus cuerpos quedaron como ofrendas inmóviles, avivados a la mirada de los transeúntes. La escena poseía la solemne gravedad de un........

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