Bogotá que no Sincelejo |
Hola Don José, me animo a escribir unas cuantas letras a propósito de la columna de Don Aníbal Paternina Padilla, aparecida recientemente en este mismo medio, con ocasión de un año mas de vida, tal vez 59, del Departamento de Sucre.
A mi papá, donde quiera que estés... Hola Don José, me animo a escribir unas cuantas letras a propósito de la columna de Don Aníbal Paternina Padilla, aparecida recientemente en este mismo medio, con ocasión de un año mas de vida, tal vez 57, del Departamento de Sucre. Padre, no voy a reeditar lo que fuiste en esa gesta; permíteme recordar lo que la memoria me ayuda para ese gran logro. Cierto, fueron varios intentos para que Sincelejo y su comarca organizaran rancho aparte de Bolívar, administrativamente hablando, hasta que el grupo de PIONEROS prendieron la llama de esa gran fogata que al final se convirtió en Sucre. No recuerdo, no sé cómo llegaste a la presidencia de aquel comité que te dio la bandera y responsabilidad de echar pa’lante la cruzada de Sucre Departamento. Lo que sí tengo claro es que abandonaste parcialmente todas las otras actividades en las cuales venías siendo exitoso. Recuerdo papá, ver en la casa al gordo Celso Santos, al señor Herazo, al señor Cerro, Centenaro, entre otros pioneros; como no al Sr. Gomesscáseres, entonces dueño del semanario El Cenit, crítico tuyo por demás. Como no recordar hoy que llamabas a Telecom y Mirna, hermana del Pavi Gallero por excelencia, ponías cita a mi mamá y a mis hermanos para estar a tal hora en una cabina; sillas de plástico que aplanaban las nalgas y Joselito y yo, jugando con una bola de caucho comprada en La Cascada. Y tú dando la pelea en Bogotá. El centralismo contra el cual luchaste sigue vigente. Termino papá diciéndote que lo que hoy es Sucre, esa porción territorial que tu ayudaste a crear y forjar en su comarca, es mejor que lo que entonces hubo. Ah, olvidaba decirte que la única vez que te vi pasado de tragos fue en el Parque Santander, 6.30 PM, cuando se supo que el Senado aprobó la creación del departamento y tú con una euforia enorme. Llegamos, a solo dos cuadras, a la casa y te tiraste sobre el pecho de tu amada, la que siempre te guió, la Niña Ana. Sucre, Feliz 59.