Cien años del zoológico: ¿tradición cultural o encierro éticamente injustificable?

Cuando niña, mi padre nos llevaba al zoológico y con genuina alegría visitábamos a los osos -especialmente a los dos osos polares que, en medio del calor estival, se zambullían en su piscina- a las jirafas, la elefanta Fresia -a quienes alimentábamos con maní directo en su trompa- y también a los monos y leones. Repetí el ciclo con mis hijos, con igual sensación de gozo. Hace poco, no obstante, al ir con nietos preadolescentes, la sensación era distinta. ¿Por qué las jaulas son tan pequeñas? O, ¿por qué algunos animales están aislados? Eran preguntas incómodas, que apuntaban directamente al bienestar animal, las que no supe responder.

Recuerdo estas sensaciones contradictorias al leer que el Zoológico Metropolitano de Santiago cumple cien años y que próximamente será reabierto al público. Inaugurado en 1925, fue concebido como un espacio de recreación y educación, coherente con una época en la que la relación entre seres........

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