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Cárceles y policías: cuando la solución no pasa por sólo sumar

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27.02.2026

En diciembre de 2024 el académico de la Universidad Fluminense de Brasil, Thiago Rodrigues, explicó cómo la política punitiva de ese país contribuyó al desarrollo de la criminalidad organizada dentro de las cárceles.

Hoy, en Chile recordamos las palabras de Luis Cordero, cuando ejercía el cargo de Ministro de Justicia y se refería a que con 52 mil internos el régimen carcelario entraba en fase crítica, el actual recuento supera los 60 mil.

Pero ¿qué tiene que ver el planteamiento de Rodrigues con lo mencionado por Cordero el 2023? Bastante. Actualmente en materia de seguridad se está avanzando hacia medidas que buscan poner tras las rejas a los delincuentes, a cuáles, bueno, a todos. Y ese es, justamente, el mayor riesgo que tiene esa estrategia de seguridad.

Cuando la política pública se basa en detener criminales, se olvida del rol más importante que tiene la seguridad: la prevención. Rol que, en un contexto de hacinamiento carcelario no puede desarrollarse. Tampoco se puede avanzar en un entorno de precariedad de los recintos. La Penitenciaría de Santiago data del 1800 y basta con abrir una imagen satelital para observar los toldos y carpas ¿qué segmentación se puede hacer en un ambiente como ese?

Pero, más allá de la segmentación y los comentarios sobre la habitabilidad de los centros penitenciarios, es importante volver al concepto de política punitiva del que hablaba el académico brasilero. La criminalidad organizada transnacional que ha llegado al país es aquella que nació y se fortaleció en los sistemas penitenciarios de Venezuela, Brasil o Ecuador. El Tren de Aragua, el PCC o Los Lobos, son grupos que tienen actividad en Chile y que necesitan de la cárcel para manejar sus operaciones. Es la manera en que operan. Una vez dentro, comienza el contagio criminógeno, los chilenos y extranjeros empiezan a aprender. El riesgo, el surgimiento de clanes carcelarios que moldeen la criminalidad nacional.

Entonces, así como resulta relevante conocer los modelos exitosos de otros países, también es importante aprender de sus errores. La criminalidad cambió y la solución no pasa por más cárceles, más detenidos, más policías. La solución debe venir de un pleno conocimiento de este nuevo escenario criminal que frene el avance dentro y fuera de la cárcel y que se haga cargo de que el Estado llegue a todos los chilenos. Esa es la verdadera respuesta.

Hay que terminar con el narco que reconstruye las casas quemadas en un incendio, con el que financia tratamientos médicos y construye plazas para los niños. Es ahí donde está el verdadero problema.

Más delincuentes dentro de las cárceles no aborda el lado social del crimen, ese que reemplaza al Estado y hace que las personas lo prefieran. Cuando eso pasa, significa que ya perdimos.

Hoy más que nunca la respuesta a la criminalidad debe estar guiada por el fortalecimiento del tejido social y del Estado. Una comunidad sólida, con sentido de pertenencia que reconozca y valide sus orígenes es el mejor contrapeso para esos grupos que lo que buscan es justamente eso: reemplazar al Estado y esa identidad. Por eso, más cárceles, más policías y más detenidos no abordan el fondo del problema, sólo reaccionan a sus detalles.

Experta en seguridad, narcotráfico y defensa. Más de Pilar Lizana

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