¿Promulgar o derogar leyes? |
Hay dos errores que normalmente comete la derecha chilena cuando llega al poder: crear nuevas burocracias públicas y enviar demasiados proyectos de ley al Congreso. Si de verdad aspira a tener un Estado más pequeño y eficiente, la derecha debería intentar reducir el número de burocracias públicas. Además, debería buscar derogar algunas leyes más que seguir haciendo crecer el complejo entramado legal que ya tiene el país.
En sus dos periodos, el ya fallecido expresidente Sebastián Piñera cedió a las presiones de la izquierda y de sectores de derecha con problemas de identidad ideológica al promover la creación de dos ministerios, el Ministerio del Deporte y el Ministerio de Ciencia. Si bien ambos ministerios vinieron a complementar burocracias estatales que ya existían, la creación de ministerios inevitablemente resulta en el aumento de funcionarios públicos y en la aparición de nuevas regulaciones y papeleos que afectan al sector productivo del país. Porque una burocracia siempre busca formas de hacerse necesaria e indispensable, cada vez que un gobierno crea una burocracia se generan incentivos para que se inventen nuevas regulaciones. Aunque la derecha gusta de criticar la permisología, ha participado en alimentar el enorme y excesivo aparato estatal que existe en el país.
Afortunadamente, el Presidente electo José Antonio Kast parece entender bien que no hay que crear nuevos ministerios. Pero parece menos comprometido con el proyecto de reducir el tamaño del Estado. Si bien en campaña Kast dio a entender que podría buscar reducir el número de miembros del gabinete y buscar fusionar algunos ministerios, esa idea nunca se materializó. Cuando anunció su gabinete -si no hubiera sido porque el nombre de un ministro se cayó a última hora por una torpeza-, Kast tenía el mismo número de personas que los que tiene hoy el Presidente Gabriel Boric.
Reducir el tamaño del Estado es una tarea particularmente difícil de lograr, precisamente porque una vez que se crean nuevas burocracias es muy difícil eliminarlas. Para fusionar ministerios hay que pasar leyes y decretos. También hay que lidiar con los desafíos de recursos humanos para ubicar empleados públicos prácticamente inamovibles en otras reparticiones. Todos los presidentes que han prometido reducir el tamaño del Estado terminan por renunciar a cualquier intento de entregar un aparato estatal con menos empleados públicos que los que había cuando asumieron el poder.
Pero hay otra área donde un gobierno de derecha pudiera lograr avances para reducir el tamaño y el poder regulador excesivo del estado. En vez de prometer pasar nuevas leyes que muchas veces simplemente repiten lo que ya existe en el marco legal, los gobiernos de derecha a veces pueden derogar leyes y decretos que causan problemas más que ofrecer soluciones. El gobierno de Kast debería considerar la posibilidad de ser el primer gobierno en la historia del país que deroga más leyes de las que aprueba.
Como candidato, Kast dijo una vez que muchas de las reformas que aspiraba lograr se podían hacer a través de decretos, sin tener que aprobar nuevas leyes. La respuesta desde la izquierda fue tan intempestiva como insensata. A Kast lo acusaron de querer ser un dictador o de querer saltarse el Congreso para gobernar. Pero la propia Constitución le otorga al Presidente de la República una serie de poderes y atribuciones para precisar, a través de reglamentos, lo que quiere decir una ley y para explicitar cómo deben cumplirse los mandatos de las leyes. Si la letra chica de los contratos siempre es la que causa dolores de cabeza, los reglamentos y los decretos asociados a las leyes son los que a menudo permiten que se construya ese entramado de permisología que tanto rechazo genera en los sectores productivos.
Por eso, en vez de prometer pasar nuevas leyes, el gobierno de Kast debiera comenzar a identificar leyes que deben ser derogadas, reglamentos que deben ser modificados y decretos que deben ser remplazados por otros decretos que sean más conducentes a estimular la inversión, la creación de empleo, y la iniciativa privada. Si uno de los problemas que tiene Chile es la permisología, inevitablemente la solución debe pasar por achicar el tamaño de la burocracia estatal, reducir la excesiva cantidad de reglamentos y regulaciones que frenan y obstaculizan la iniciativa privada y derogar leyes que crean burocracias innecesarias y constituyen trabas para el desarrollo económico sustentable del país.
Para un sector de la derecha que gusta decir que el problema que tiene Chile pasa por un Estado ineficiente y excesivamente burocrático, con demasiados empleados e insuficiente rendición de cuentas, esta obsesión con querer pasar nuevas leyes es un sinsentido. Para reducir el problema de la permisología, no hay que pasar nuevas leyes. Hay que comenzar a eliminar muchas de las leyes, reglamentos y decretos que ya existen.
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