El guion y las tensiones del ciclo Kast

Con el anuncio del gabinete aún en suspenso, el gobierno entrante de José Antonio Kast se perfila entre señales al mercado, pulseadas por Seguridad e Interior y una coreografía de nombres que busca proyectar normalidad: economistas, tecnopols, tecnócratas y figuras con llegada al empresariado. Pero lo decisivo no está en los currículos, sino en el guion político de un “gobierno de emergencia” asentado en un triángulo de seguridad, crecimiento y batalla cultural. En un telón de fondo global de derechas más decisionistas y de retorno del “poder duro”, el ciclo Kast enfrentará dilemas de primera línea: cuánto polarizar con guerra cultural, cómo navegar presiones geopolíticas tipo “Donroe” cuando China es socio clave, y hasta dónde concentrar el poder sin erosionar la legitimidad.

Configuración de un gobierno aún en proceso

El gobierno de José Antonio Kast empieza a configurarse como suelen hacerlo los gobiernos que llegan con la promesa de “orden”: con prisa, con señales a los mercados, con disputas por Seguridad e Interior, y con una verdadera coreografía de nombres en una inevitable danza simbólica. Según reportes de prensa, el anuncio del gabinete se movería a la semana del 20–21 de enero, con el propio Presidente electo estirando el plazo para “afinar” las designaciones.

En ese mismo registro, distintos medios han dado por encaminado el arribo del (micro) economista Jorge Quiroz a Hacienda -designación comunicada en reuniones con el empresariado- y se menciona también a Martín Arrau para Obras Públicas, mientras se diluye la idea inicial de “bi” o “triministros” económicos, al menos en la etapa de instalación. El exministro Claudio Alvarado (UDI-Piñera 2) presidiría Interior, precedido por la fama de ser un hombre dialogante; al igual que García Ruminot (RN), que estaría destinado a La Moneda, ambos con perfil de políticos transaccionales.

El mundo de los tecnopols -académicos con presencia pública y saberes expertos- estaría bien representado igualmente (se habla de Louis de Grange e Iván Poduje), así como la familia de los tecnócratas (en Educación, Salud y Desarrollo Social). La presencia del poder empresario -CEOs de fuste o de primera línea gerencial- se expresaría en Cancillería y en Defensa, y quizás mañana, además, en las carteras de Economía, Energía, Vivienda, Agricultura y Minería, cargos todos susceptibles de ser ocupados también por personal tecnocrático o político. Frente a ellos circulan todavía nombres que entran y salen del foco, según los vaivenes y los balances internos del gabinete de ministros, decisión inicial que, piensan algunos analistas, dirá mucho del talante, los deseos y la orientación del futuro gobierno de Kast.

Nada de esto, sin embargo, agota lo interesante. Los nombres son apenas signos de superficie; fusibles frente a la primera crisis que, temprano o tarde, sobrevendrá, o bien piezas intercambiables en este juego de ajedrez de nunca acabar. ¿Cómo se moverán las piezas y con qué autonomía propia? ¿Cuál será el perfil del gabinete que, desde ya, y si termina concretándose con este tipo de nombres y repartición de influencias, no aparece como especialmente amenazante? ¿Qué relación guardarán los cargos entre sí y con el Presidente? ¿Cómo decantarán las alianzas y los grupos internos? ¿Quiénes serán los ministros más fuertes y cuáles los más visibles? ¿Qué estructura adoptará el gabinete en su funcionamiento orgánico? ¿Habrá o no habrá un comité político? ¿Dónde se manifestará el gobierno de emergencia? ¿Qué papel desempeñará el “segundo piso”? ¿Será centro estratégico, guardián del Presidente, ente coordinador, fiscalizará a los ministros, dirimirá controversias o las creará? ¿De quiénes dependerán las comunicaciones gubernamentales y cómo irá desenvolviéndose “el relato” que tanto le faltó a Piñera en sus dos mandatos?

En su momento ejecutivo, que se acerca rápidamente, la política es el arte de estructurar el vértice del gobierno. El Presidente es, de suyo, decisivo en nuestro régimen y en la tradición institucional chilena. Su carisma personal es una parte esencial de su figura protagónica. Su estilo de trabajo y la impronta de su liderazgo son ingredientes esenciales. Pero, sobre todo, pesan su visión, su ideología y su capacidad de comunicarla al país a través de los medios, las redes sociales y sus acciones cada día.

Por el momento sabemos poco de todo eso, y el Presidente electo ha sido parco en revelar su pensamiento y anticipar la forma de su gobierno. Con todo, ha establecido algunas imágenes. Evitar ser etiquetado de inmediato como un gobierno ultra. Rodearse de figuras convencionales, y respetables, de la derecha. Señalizar a la sociedad una administración de individuos directivos y no de cuotas de partido. Un fuerte elemento “tecno”: tecnopols, tecnocrático, profesional, de la “buena sociedad” y con probable sobrerrepresentación de graduados de la Universidad Católica de Chile. Menos ordenado y planificado de lo que se había supuesto. Con cierta dificultad (vistosa) para entenderse con el partido aliado y su líder, J. Kaiser. Y, alineado, claramente, por un lado, con el establishment empresarial (sus ramas y gremios) y, por el otro, con el frente ideológico de los países latinoamericanos que, orquestados por Milei, toman partido en favor de Trump y su doctrina.

El telón de fondo global: del “soft power” al garrote

El significado más profundo del gobierno en formación, como vengo argumentando en esta columna de opinión, es un cambio de patrón: un relevo dentro de las derechas chilenas, un cambio de estilo de gobierno (de la “gerencia” a la “emergencia”) y, en el trasfondo global, una mutación de las derechas occidentales hacia una política más decisionista, más plebiscitaria y menos liberal.

Quiero ordenar a continuación -como en un mapa de riesgos- los patrones emergentes de este ciclo. No para profetizar, sino para comprender la lógica interna del proyecto y -sobre todo- las tensiones que asoman. Porque, como se ha repetido hasta el hastío en estos días, si algo enseña la historia reciente es que los gobiernos que confunden un triunfo heterogéneo con un mandato ideológico absoluto suelen acortar dramáticamente su propia luna de miel programática.

A este respecto, cabe decirlo de entrada: la novedad mayor no está en Chile. Está en el mundo que Chile habita.

El giro contemporáneo de las derechas -en Europa, India, Turquía, Estados Unidos, Brasil, Argentina, Centroamérica- no es simplemente un corrimiento “hacia la derecha” dentro de un mismo eje liberal-conservador. Es, más bien, una reorganización del repertorio: nacionalismo cultural, soberanismo, securitización del conflicto social, desconfianza frente a los controles institucionales y un estilo de liderazgo que privilegia la expedición por sobre la deliberación.

En Estados Unidos, este desplazamiento se expresa hoy como revalorización explícita del hard power y de una política hemisférica de dominación que algunos medios -con ironía involuntaria-........

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