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Rubio, el declive gestionado no es una opción

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23.02.2026

Aunque Octavio Paz siempre matizó la plena adscripción de América Latina a Occidente (y con algo de razón), los desafíos venideros hacen necesario reforzar aquella pertenencia de forma clara e indubitable. Eso es especialmente válido en temas de seguridad y defensa, pero también en cuanto a herencia y proyección cultural de la región entera. Hay que partir constatando lo obvio; el debate público se realiza en una lengua europea, ni siquiera en náhuatl, aymara o totonaca.

De ahí entonces la centralidad que tiene para este “orbe hispánico” el discurso pronunciado por el secretario de Estado, Marco Rubio durante la reciente Conferencia de Seguridad en Baviera. Fue una alocución con tremendo peso político y fuerte matriz cultural.

Rubio no le habló a una audiencia circunstancial ni a comentaristas de generalidades. En un tono de poder hegemónico efectivo, le habló a Occidente en su totalidad. Le mostró un espejo. Apuntó a su conciencia histórica y habló de la forma en que ésta se fue configurando a ambos lados del océano, dando vida a sociedades llenas de acontecimientos y personajes históricos comunes.

En uno de sus pasajes más sugerentes, hizo recordar algo tal vez nimio, pero muy trascendente. No es simple casualidad que miles de latinoamericanos, creyentes y no creyentes -al igual que los europeos- miren con éxtasis las bóvedas de la Capilla Sixtina y las agujas de la Catedral de Colonia, o se maravillen con el Partenón o el Foro Romano, o que, incluso sin saber inglés, sigan con entusiasmo genuino las canciones de Paul McCartney o Mick Jagger. Rubio habló de su propia vida y de su familia. En materia de ejemplos, fue contundente.

Un sobrevuelo rápido a su alocución, muestra que evitó las ambivalencias y los vericuetos verbales, tan propio de........

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