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Pedro Castillo y la industria del pobrismo

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19.07.2021

El 28 de julio Pedro Castillo asume la presidencia de Perú en medio de festejos por los 200 años de vida independiente. La historia política del país recordará la fecha por su coincidencia con el inicio de un experimento único, el cual, según muchos indicios, tendrá un final abrupto y prematuro. Difícilmente el destino de la administración castillista sea distinto a los últimos que ha tenido el país. Sin embargo, la experiencia encabezada por este sindicalista, procedente de una ruralidad que parecía abstraída del mundo, contiene un rasgo muy particular. Es una opción por el pobrismo.

El inminente huracán que se avecina no es designio de dioses inescrutables, sino de algo muy terrenal. Perú ha sido convertido por su propia clase política en el estereotipo de crisis absoluta; con una línea de fracaso institucional y otra de colapso de la representatividad política. Los partidos se han sumido en un ambiente de darwinismo electoral extremo, y se encuentran desprestigiados por una corrupción sin visos de ser revertida. Por eso, cada elección es un auténtico experimento, y cada período presidencial se convierte en un tira y afloja descarnado, cuyo desenlace es la defenestración de quien esté ocupando el palacio de Pizarro.

Tal es el trasfondo del período castillista. Y, desde luego, la biografía del mandatario, más las rocambolescas circunstancias que lo llevan a su actual posición, refuerzan el pesimismo. Cabe interrogarse sobre las razones que explican su ascenso, pese a que en otros ámbitos, como el de la economía, el país funciona con cierta cordura. Por algo acaba de ratificar el TPP11.

Ante la crisis absoluta, Castillo se convirtió en candidato sólo por descarte. Fue la situación judicial del líder de su partido -marginal y abierto simpatizante de los Castro- el verdadero detonante de su candidatura. Fue su aire aldeano y ajeno a los........

© El Líbero


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