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Enfermedades y vicios inhabilitantes

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15.11.2021

En plena carrera presidencial, Hillary Clinton sufrió el 2016 una severa neumonía que puso en cuestión su continuidad como candidata a la Casa Blanca. Pocos años antes había sido hospitalizada por una trombosis que la había obligado a abandonar temporalmente sus funciones como Secretaria de Estado del Presidente Obama. Esos dos percances de salud pusieron sobre la mesa -por enésima vez en EE.UU.- el espinoso tema de si puede acceder a la primera magistratura de una nación una persona que padezca alguna enfermedad inhabilitante.

Como parece lógico, este problema es más acuciante en los países centrales, en las potencias y en aquellos de elevada complejidad. En los países ubicados en el otro extremo, estos imprevistos suelen saldarse a balazos o mediante grotescas traiciones.

Lo concreto es que en EE.UU. la lista de presidentes con graves problemas de salud es larga. Los más conocidos, Woodrow Wilson (afectado de gripe española y luego derrame cerebral), F.D. Roosevelt (poliomielitis y derrame cerebral) y D. Eisenhower. Fueron justamente los ataques al corazón de “Ike” los que iniciaron un largo debate sobre la sucesión, plasmado finalmente en la 25 Enmienda, que especifica las circunstancias en que asume el vicepresidente. Es decir, la principal democracia del mundo resolvió este asunto en ese entonces por una vía institucional.

Sin embargo, el tumor maligno que afectó al Presidente Reagan en 1985 despertó renovado interés en el tema, aunque desde una perspectiva mucho más amplia. Surgieron preguntas nuevas y gravitantes. ¿Qué hacer ante cierto tipo de enfermedades susceptibles de diagnosticar con antelación? ¿Se debe obligar a los candidatos a hacerse exámenes genéticos que permitan tener previamente un cuadro de su estado de salud? ¿Se puede........

© El Líbero


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