Somos mientras estamos; renovándonos para revivirnos



Cada despertar es un nuevo renacer, que nos llama a un repensar en circunstancias muy complejas a veces, conflictivas e inciertas. Lo importante es reencontrarse con uno mismo para fortalecerse, no dejándose doblegar por las decepciones, acogiendo y abrazando con esperanza las diversas realidades. Lo trascendental radica en persistir para engendrar existencia y custodiarla. Desfallecer es lo último. El curso de nuestra propia historia siempre se puede cambiar. Nuestro diario viviente nos remite a empezar cada día, con el deseo de vivir y crecer unidos, a través del arduo camino de la reconciliación. Está visto que el auténtico amor todo lo allana, es menester ofrecerlo, entregarse a los demás en comunión, como personas en disposición de querer para ser queridas.

A mi juicio, todo corazón viviente necesita compartir latidos, establecer nexos de unión para convivir en concordia; máxime en un momento en el que la movilidad humana, representa una inmensa oportunidad de encuentro........

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