La Universidad Nacional de Colombia, institución que debería ser el bastión del saber, la innovación y la libertad intelectual, se ha transformado en un bastión de politiquería bajo el influjo del Gobierno. El trasfondo es claro: el Gobierno Petro buscaba un rector afín para avanzar en su constituyente, convirtiendo la Universidad en un trampolín para su agenda. Esa injerencia explica las presiones, las dilaciones y el desprecio por la voluntad del Consejo Superior Universitario (CSU) en marzo. Lo que vimos no es una disputa administrativa por un rector, sino un asalto a las instituciones, donde el desacato a la ley se pretende disimular y las tomas violentas se toleran como expresiones de disidencia. Los hechos pintan un panorama de erosión democrática que ningún colombiano puede ignorar, y de profundo irrespeto a una institución como la Universidad Nacional que todos debemos cuidar.
Todo comenzó el 21 de marzo de 2024, cuando el Consejo Superior Universitario convocó una sesión para elegir al Rector para el periodo 2024-2027. Siguiendo el Acuerdo que rige, se optó por una votación secreta ante las amenazas sobre tres consejeros........