Y sus ataques groseros y estigmatizantes contra los líderes de la oposición no son meras excentricidades: son señales claras de un afán por acumular poderes que van más allá de lo que una elección democrática permite.
Sin embargo, Colombia es más grande que estos excesos. Somos una nación resiliente, capaz de corregir el rumbo con la fuerza de nuestra democracia. Por eso debemos ganar estas elecciones, no solo contra Petro, sino contra su posible heredero: Iván Cepeda, un senador responsable de la fracasada “paz total”, y artífice de una política que ha beneficiado a cabecillas de grupos ilegales y narcoterroristas en detrimento de la seguridad de los ciudadanos.
Colombia no puede seguir atrapada en la noción obsoleta de una “violencia política” o de rogarle a los criminales para obtener la paz. Nada........
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