Seguridad y turismo en Santa Marta: una mirada responsable y positiva
En los últimos días han circulado algunas publicaciones que ponen sobre la mesa preocupaciones alrededor del turismo y el orden público. Es natural que estos temas generen conversación. Pero también es necesario entenderlos en su justa dimensión. Porque una cosa es reconocer que existen desafíos —como ocurre en cualquier destino del mundo— y otra muy distinta es construir una percepción que no corresponde a la realidad completa. Santa Marta hoy no es un destino en crisis.
Es un destino en evolución.
Una ciudad que sigue recibiendo visitantes, que mantiene su dinámica turística, que continúa proyectándose como uno de los principales atractivos del Caribe colombiano. Basta recorrer su bahía, su Centro Histórico, sus rutas hacia la Sierra o sus playas para entender que la vida turística sigue activa, vibrante, en movimiento.
El turismo no se sostiene únicamente en la ausencia de problemas. Se sostiene en la capacidad de gestionarlos, de anticiparlos y de responder de manera institucional. Hoy hay presencia de autoridades, hay articulación, hay un trabajo constante para garantizar condiciones de seguridad tanto para visitantes como para quienes viven del turismo. Ese esfuerzo no siempre hace titulares, pero es el que realmente construye confianza.
También es importante decirlo con claridad: los fenómenos de informalidad o presión sobre ciertos sectores no son exclusivos de Santa Marta. Son retos estructurales que enfrentan muchas ciudades turísticas en América Latina. La diferencia está en cómo se abordan. Y en Santa Marta se están abordando. Con mayor control, con más conversación institucional, con conciencia de que el turismo no es solo promoción, sino también regulación, orden y corresponsabilidad.
Porque aquí hay algo que no podemos perder de vista: Santa Marta no es solo un producto turístico. Es un territorio vivo, con comunidades, con dinámicas económicas, con realidades complejas que requieren soluciones sostenidas, no lecturas simplistas.
El mundo sigue viendo a Santa Marta como una joya. Un lugar con la montaña más alta a la orilla del mar, que permite un clima saludable. Un destino que ofrece experiencias auténticas, diversas y memorables: seres humanos cálidos que reciben a sus visitantes con afecto. Y esa percepción no se construyó de un día para otro, ni se va a perder por un titular, hecho video, y traducido a varios idiomas. Se ha construido con el tiempo, son ya 500 años, con la experiencia de quienes nos visitan, con la capacidad de responder cuando hay retos. Este es el momento de actuar con responsabilidad. De no caer en extremos. De no negar, pero tampoco sobredimensionar. Porque el turismo también es percepción, y debemos cuidar la nuestra.
Santa Marta tiene todo para consolidarse como un destino cada vez más fuerte: belleza natural, identidad cultural, ubicación estratégica y, cada vez más, una conciencia clara de lo que implica gestionar un territorio turístico. La confianza no se decreta. Se construye. Y Santa Marta la está construyendo. En hora Buena la designación de Carlos Jaramillo como presidente de la Cámara de Comercio de Santa Marta para el Magdalena.
Ajá Leo, ¿y hoy qué?
Hoy, mirar con responsabilidad, hablar con equilibrio, seguir cuidando a Santa Marta… porque el verdadero valor de un destino no está solo en lo que muestra, sino en cómo decide protegerlo
