Confieso que no votar también es decidir
He pecado cuando he dicho que todos son iguales.
He pecado cuando he repetido que nada cambia.
He pecado cuando he preferido quedarme en casa creyendo que mi voto no importa.
Y el Magdalena ya nos mostró lo que ocurre cuando el silencio decide.
El 23 de noviembre de 2025 la abstención superó el 68%. Siete de cada diez ciudadanos no fueron a votar. Las maquinarias alcanzaron su tope, pero quienes podían inclinar la balanza prefirieron la comodidad del escepticismo. Después vinieron las quejas, los análisis, los lamentos. Pero el resultado ya estaba escrito por quienes no marcaron el tarjetón.
No fue que no hubiera opciones.
Fue que faltó fe.
O sobró resignación
Hoy Colombia enfrenta una nueva cita con las urnas el 8 de marzo. Y no podemos permitir que nos ocurra lo mismo, existen candidatos excelentes en los diferentes partidos y coaliciones política, busca uno que se alinie con tu candidato a la primera vuelta, el de hoy porque después del 9 de marzo, el escenario será diferente, y deberemos contemplar otras alternativas. Pero hoy busca tu candidato a la Cámara y al Senado. No olvides que ellos son los que hacen las leyes, los que aprueban las reformas. Vota con conciencia.
Sí, hemos hablado de coherencia en las consultas. Sí, hemos dicho que no se debe votar por cálculo ni por confusión. Pero coherencia no es abstención. Coherencia es salir a votar con claridad sobre qué se está votando y por quién. Si tu candidato está en la consulta y lo acompañarás en primera vuelta, vota. Vota por él o ella. Si no está, espera la primera vuelta. Pero no te quedes en casa el día que tu voto sí define.
La democracia no se fortalece con activismo táctico ni con juegos estratégicos. Se fortalece con participación consciente.
En Magdalena aprendimos algo fundamental: la maquinaria tiene un límite. No crece indefinidamente. Tiene un núcleo duro, un techo. Lo que cambia la historia es el ciudadano independiente que decide participar.
En aquella elección atípica, al menos un 8% votó distinto a lo tradicional. Esa semilla demostró que sí se puede votar en libertad. Que el miedo no es eterno. Que el voto consciente existe. Pero no fue suficiente.
La abstención fue el verdadero protagonista. Y cuando la abstención gobierna, la democracia se debilita.
El 8 de marzo no es una elección más. Es importante tener un congreso Senadores y Representantes que prioricen el bien común, que recuperen nuestro sistema de salud, que fortalezca nuestro ejército nacional, que pare la burocracia desenfrenada, entre otros. Que sea efectivamente una Rama Legislativa poderosa y preparada.
No votar por la consulta no es neutral. No votar también es decidir.
No votar al Senado y a la Cámara, es permitir que otros elijan por ti. Es aceptar que la inercia siga marcando el rumbo. Es renunciar a la posibilidad de cambiar el curso.
Colombia no necesita más indignación en redes. Necesita más presencia en las urnas. Necesita ciudadanos que investiguen, que comparen, que conozcan a los candidatos. Que hagan la tarea que muchos en Magdalena no quisieron hacer: informarse y decidir. Porque sí había por quién votar. Solo había que conocerlo.
Hoy no podemos repetir el error. No podemos decir después que “no sabíamos”. No podemos volver a lamentarnos frente a cifras que evidencian apatía. La política no cambia sola. La historia no se mueve por resignación. El futuro no se construye desde la casa, la playa o la sabana.
El rescate de Colombia no depende de discursos grandilocuentes. Depende de ciudadanos que entiendan que el voto es un acto de fe, sí, pero también de responsabilidad y dignidad.
Ajá Leo, ¿y hoy qué?
Hoy, salir a votar con coherencia.
Hoy, no dejar que el silencio decida por nosotros.
Hoy, demostrar que la fe democrática no se perdió en Magdalena, solo está esperando que la ejerzamos. Porque la maquinaria tiene su tope. Pero la conciencia ciudadana no.
Y hay cosas que no tienen precio.
Entre ellas, tu voto.
