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Motivos para escribir, relato personal

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25.07.2026

Empecé a escribir en el cuaderno y mamá, taquimecanógrafa, competentísima en eso como en todo, me los pasaba en limpio para la cartelera escolar. También escribía a mano, con una copia con papel carbón dos ejemplares de El Rayo, el periódico que dirigía, redactaba y “distribuía” en casa. El otro ejemplar era para mi única lectora, mi abuela Adela que exigía tuviera sección hípica. A ella debo mi afición por la prensa. Sus días empezaban con El Impulso y terminaban con El Mundo cada tarde. Cuando le alcanzaba también El Nacional, y yo me beneficiaba, por lo que fui un niño y un joven bastante bien informado. En mi adolescencia, por patrocinio paterno de intención orientadora, compraba fijo La República y la pasaba buscando a qué Piña en la diecisiete. Lectura grata y nutritiva. Lo dirigía Luis Esteban Rey que escribía sus Glosas Amables, gran sección internacional con Humberto Malinarich y Ted Córdoba Claure y los deportes con Rubén Mijares. Ni el amor filial o la admiración por su carácter y apego a la justicia me llevaron a complacer los deseos de papá, aunque Rómulo mantiene un lugar en mis respetos más especiales. Más pudieron mamá, sin proponérselo, el colegio y los folletos y libritos que, como quien no quiere la cosa, me traía mi tío Orlando, a quien sometía a intensos interrogatorios nacionales e internacionales en sus visitas a Barquisimeto como diputado por Lara en........

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