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#OPINIÓN Gaveta azul: El otoño del patriarca #9Nov

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09.11.2020

Digámoslo de una vez. Es una gran novela. Una obra para la antología.

Y ahora observemos las dos posiciones extremas frente a esta incomprendida obra. Dos puntos de vista se disputan el criterio básico después de su lectura:

a) No sirve, es un fiasco, una porquería fastidiosa…etc, y surgen las comparaciones y análisis del tema, su tratamiento, lo anecdótico como recurso y fin en si mismo y pare de contar.

b) Es una obra extraordinaria y García Marques es poco menos que un genio.

Ambos criterios parten de la incomprensión de esta pieza narrativa, un intento de síntesis histórico-existencial del tema del dictador latinoamericano jamás realizado, encuadrado en una memoria anecdótica por necesidad del punto focal a disponer, que a la vez hace de fondo a los cuestionamientos formulados, de carácter subjetivo como toda opinión y en este caso, la nuestra, con la diferencia de ofrecer al lector los puntos de vista sustentando nuestro criterio.

El primer hecho notable en contra de una justa apreciación de la obra fue la bomba publicitaria que rodeo a García Marques desde la aparición de “Cien años de soledad”, mantenida en forma ascendente con el exhaustivo estudio de Vargas Llosa “Historia de un deicidio”, en torno al proceso de creación de la saga delos Buendía y después, la Cándida Erendira con el rollo de llevarla al cine previo guion y dirección de la cineasta venezolana Margot Benacerraf, lo que no pasó de una posibilidad hasta diluirse en un natural olvido. Pero el gran disparador de expectativas por una obra que era solo idea o proyecto, lo provocó el escritor al declarar en Caracas que escribiría, o tenía ya en esbozos una novela sobre el Dictador latinoamericano.

A partir de entonces en cada ocasión de una entrevista era de rigor preguntarle por la obra, que a la postre resultó un tour de force sobre su responsabilidad de escritor famoso, al prometer de forma tan concreta la realización de una obra determinada. Pronto observó al comenzar a escribir acerca del Patriarca en el Otoño de sus días, que Arcadios y Aurelianos le habían secuestrado y sería tarea de titanes librarse de la familia macondina. Un periodista de su talla convertido en uno de los escritores de más fuste de la nueva narrativa latinoamericana, algo intuía acerca dela empresa de escoger el tema del dictador como epicentro de su obra inmediata, inundado como estaba de los inviernos de Macondo y tapizado de flores amarillas que lo ataban emocional y estructuralmente en cuanto a técnica, sintaxis y un depurado estilo creado a objeto de construir a los Buendía, su mundo y circunstancias.

Frente al tema de su proyecto García Marques no se arredra, emprende tarea y de inmediato topa con el iceberg histórico-político que es un dictador latinoamericano, segundo gran escollo inicial de la obra en ciernes. Primero debe desatarla camisa de fuerza de Macondo y los Buendía. Rotos y deshechos semejantes nudos, abordar conceptual, estilística y estructuralmente, la figura de mayor peso en la historia latinoamericana del último siglo. “El Dictador”, un voluminoso lastre gravitando sobre los millones de seres que poblaron este continente en los últimos cien años y que hoy, otro medio siglo después de ver la luz “El Otoño del Patriarca”, prosigue marcando férreamente nuestras vidas y las de millones de personas,

No hay hombre, mujer, niño o anciano que no esté marcado por el déspota de turno y han sido decenas. Al lado de los que encanecieron en el poder: Porfirio Díaz, Rosas, Gómez,........

© El Impulso


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