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#OPINIÓN Gaveta azul: Crimen sin castigo #19Oct

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19.10.2020

Hoy tuve algo más de suerte que Rosita Alvirez. La espera en la farmacia, entre los tres a los que permiten entrar y el grupo de los que esperamos fuera del local, me tomó solo dos horas piches desde la llegada y “buenos días” con cara de perro para evitar las chácharas insulsas, hasta el “gracias”, tomar tarjeta y paquete con la cajita de pastillas que ahora trae dos blíster de siete pepitas cada una, la vez anterior alojaba diez pastillas y costó 20% menos.

Por el año mil novecientos Medina –finales de la era pre-antibióticos– los chicos de la casa ejercían de mandaderos oficiales de la familia, tarea cumplida –sin apelación– en el carro de Fernando.

–Ramoncito vaya a la farmacia a buscar estos remedios. Te daban el papel con la prescripción del médico (visita en casa cobrando cinco bolívares, o en especie).

El récipe, en letra que solo el farmaceuta descifraba, contenía:

1frasco 65 cc gotas del Carmen

25 gramos de sulfatiazol mercuriado al 3%

20 capsulas fórmula magistral “P/ksqre” (0,003 gs basurofosfato cálcico) – 0,15 mg permacoñato de magnesio, 1mg polvos de ácido bichopichatico. Mezclar en 2,5 gs excipiente cerulato.

Y así por lo consiguiente. Los pacientes morían igual o se recuperaban, igual que ahora, con la diferencia que tanto para morir o salvarse, no había que hipotecar el resto de vida de la familia. Y de pronto, la gran explosión de la post-guerra. Los dos imperios victoriosos empeñados en controlar cada uno un trozo mayor de pastel restándoselo al otro para dar a luz –a conveniencia político-existencial de ambos contendientes— a la famosa guerra fría que no congeló a nadie, pero obligaba a los satélites –fuese por gusto o a juro– a vivir bajo la temperatura marcada por el Sargento Mayor respectivo. Mientras paralelamente, se disputaban la........

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