Hoy se celebra el Día del Padre en todos los países de Latinoamérica y en muchos otros como un día festivo para celebrar la crianza por hombres.

No es nada novedoso lo que recordamos. No es muy afamado el día porque no hay nada más profundo que el amor de Madre. Pero sí propicio para hacer un inventario de lo que es ser Padre en este mundo. El bueno y el malo. El afectuoso y el canalla.

Hoy es el día del Padre bueno, quien también ocupa un lugar en nuestro corazón. El hombre del pulso, de la lucha, patrimonio del hogar. El hombre que dialoga serenamente con su hijo y se entrelaza con más fuerza, porque más logra una palabra de cariño que un semblante airado o un gesto autoritario. La autoridad de un Padre no estriba en la fuerza de la mano que humilla sino en el diálogo convincente y sereno.

La voz de aliento que cumplió y cumple su trabajo con certera vocación celebra su día. El amigo que inspira las mejores jugadas. Que aplaude los éxitos secretos y encumbra las públicas emociones.

Hoy es el día de los hombres que practican esa reflexión universal, de quienes miran a sus hijos cuando lo buscan con su mirada, cuando los abrazan al tenderle sus brazos, cuando los besan y escuchan cuando quieren hablar, cuando los cobijan al sentirse solos.

El Padre es esa argumentación permanente que le da sentido a la vida porque la siembra. No el que riega la tierra con hijos para no saber más nunca de ellos con interrogantes sobre su destino.

Desde sus genitales asistimos a la celebración de la existencia. En su canto la vida no cesa de aspirar a ser algo más que vida.

Cuando en la palabra cabe un hombre siempre hay un hombre más sin descubrir, el Padre. Si allí nace un orden, es un orden que no responde sino a un movimiento perpetuo, a un crecimiento sin fin. Los dominios de él son el taller flotante en que se forja la realidad de la vida.

Cetro y corona indiscutibles para aquellos quienes asumen este difícil, loable y determinante compromiso con otro humano a quien han dado el ser. Trono y honores a aquel que asume este compromiso con la vida, de por vida.

Cientos de páginas se escriben sobre el cambiante papel del Padre contemporáneo y sus deberes dentro de la familia. Padre es el que cría, sentenciaba la sabiduría ancestral y en nuestra realidad, donde más de la mitad de los hogares carece de su presencia, rol asumido por otros miembros de la familia. A estos también los reconocemos en este día de celebración convencional.

Inevitablemente al saludar a los Padres sustitutos, cruzan por nuestras mentes las imágenes de los niños de la calle a quienes ni siquiera alcanzan las buenas intenciones de las instituciones, o la indolencia del Estado en su simbólico rol paterno y protector.

Los de ayer y los de hoy, los buenos y malos, dijimos. Los de la tercera edad, cuando el mundo era más justo y no habían tantos hijos abandonados.

La tercera edad, según el médico psiquiatra Carlos Alberto Cardeño Castro, del hospital universitario de Medellín no supone un “¡pare!” en la vida, sino más bien un proceso continuo de crecimiento en el que los mayores siguen ocupando un lugar en la sociedad y desempeñando un nuevo rol.

El equilibrio afectivo en esta etapa, subraya, pasa por la aceptación de uno mismo, de los fracasos y logros conseguidos. Es el momento de seguir planteándose nuevas metas e intereses. Nunca debemos olvidar que mientras se vive se conserva la capacidad para disfrutar de los placeres que la vida nos ofrece.

“Siempre se ha creído que cuando se envejece, hay una desconexión de la sociedad por la ruptura de las relaciones sociales, por el cese de las funciones y por una reducción de la exigencia productiva a la persona”.

La tercera edad así planteada, dice, puede percibirse como una pérdida, y esa ruptura en lo que respecta a las relaciones sociales, está determinada por la conjunción de una serie de factores tales como el alejamiento de las relaciones personales establecidas en el trabajo (pérdida del rol laboral), la carencia afectiva percibida en cuanto a la relación con los hijos (nido vacío), y la escasez en lo que se refiere a las relaciones con parientes y amigos que se van dejando como consecuencia de la distancia o la muerte.

La muerte forma parte de la vida, es el último acto, la conclusión, el fin. La verdad es que uno empieza a morirse en el mismo momento en que nace, quizás incluso antes, explica en su galería de misterios el escritor argentino Fabio Ramírez.

Sostiene como un hecho objetivo que nacer y morir son los momentos cumbres de nuestra existencia, el principio y el final. Lo demás, la vida considerada en sí misma, poca importancia tendría si no fuera porque la sentimos, disfrutamos y sufrimos, es decir, “porque tenemos conciencia de estar vivos. Si nos planteamos que la vida solamente conduce a la muerte, nuestro paso por el mundo y por la historia no tiene sentido, es un espantoso absurdo”.

Nadie nos va a acompañar en el paso de esa frontera imprecisa que conduce a lo desconocido. Estarán con nosotros, pero solamente para decirnos Adiós. Aceptémoslo.

Es el momento de disfrutar el tiempo libre. Mirémoslo como una recompensa. Cuando nuestros hijos crecen y se hacen hombres responsables, jubilarse y envejecer no justifica que nos retiremos de la vida social ni de nuestra existencia, sino que por el contrario, implica una forma diferente de participación, indispensable para nuestro propio crecimiento y el de nuestra familia.

Un joven le preguntó a sus padres, tíos y abuelos: ¿Cómo pudieron vivir antes sin Televisión, sin Wi Fi, sin Tecnología, sin Internet, sin Computadoras, sin Drones, sin Bitcoins, sin Celulares, sin Facebook, sin Twitter, sin Youtube, sin Whatsapp, sin Messenger, sin Instagram?

Entonces en medio de toda la familia, el abuelo tomó la palabra y le respondió:

Pues mira querido nieto, igual que tu generación vive hoy sin Oraciones, sin dignidad, sin compasión, sin vergüenza, sin fe, sin honor, sin lealtad, sin respeto, sin valores, sin personalidad, sin noción de compromiso, sin el yo interior, sin carácter, sin “condimento”, sin ideales, sin amor propio, sin humanidad, sin honra, sin propósitos, sin ese “ no sé qué”, sin esencia, sin metas, sin fortaleza interior, sin alma, sin identidad cuando muchos de ustedes no saben si son hombres o mujeres.

Nosotros, los nacidos entre los años 1920 y 1970 somos bendecidos y una gran prueba viviente: Después de la escuela primero los deberes y recién salíamos a la calle a jugar con amigos de verdad y no virtuales de Internet, sabíamos crear nuestros propios juguetes, nuestros padres no eran ricos pero nos enseñaron amor, no materiales mundanos.

Nunca tuvimos Celulares, Lap Top, DVD, Play Station, Xbox, Videojuegos, computadoras personales, Internet, pero si tuvimos amigos de verdad. Los familiares vivían cerca para disfrutar el tiempo en comunión. Es posible que hayamos estado en fotos blanco y negro, pero puedes encontrar recuerdos muy coloridos en ellas.

Somos una generación única y más comprensiva porque somos la última que escuchó a sus Padres y también la primera que tuvo que escuchar a sus hijos.

Somos unos Padres de edición limitada de quienes los de hoy deben disfrutar y atesorar.

He aquí el origen de por qué se celebra el día del padre el tercer domingo de Junio. La voz se corrió y paralelamente se celebraron misas como homenaje a ellos en otras ciudades de Estados Unidos.

Desfilaba el año 1909 cuando una mujer llamada Sonora Smart Dodd, quien asistía a una misa con motivo del día de la madre que apenas tenía 2 años celebrándose, se le ocurrió hacer otra misa para homenajear a su Padre, un veterano de la guerra civil que había enviudado cuando su esposa daba a luz a su quinto hijo, quedando a cargo de ellos, criándolos de manera ejemplar.

Originalmente la idea era que la misa se celebrara el 5 de Junio, día del cumpleaños de Mr. Smart, pero por la premura en los preparativos se decidió correr la fecha para dentro de 2 semanas.

La intención de la festividad era destacar el papel de los Padres en la sociedad, especialmente de aquellos quienes, como su progenitor, cumplían el rol de Padre y Madre a la hora de levantar y educar a sus hijos.

Es así como el primer día del padre tuvo lugar en Washington el 19 de Junio de 1910.

Hoy igualmente todos los honores para las mujeres que por diversos motivos, circunstancias y razones, han criado, crían y seguirán criando a sus hijos solas, bendecidas por el espíritu de la fortaleza, la confianza infinita en la vida, la intuición creadora, el amor infinito que la sostiene para ejercer el doble papel Madre-Padre. Abejas laboriosas inventando la vida en cada flor.

Orlando Peñaloza

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#OPINIÓN “P” de Papá #20Jun

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20.06.2022

Hoy se celebra el Día del Padre en todos los países de Latinoamérica y en muchos otros como un día festivo para celebrar la crianza por hombres.

No es nada novedoso lo que recordamos. No es muy afamado el día porque no hay nada más profundo que el amor de Madre. Pero sí propicio para hacer un inventario de lo que es ser Padre en este mundo. El bueno y el malo. El afectuoso y el canalla.

Hoy es el día del Padre bueno, quien también ocupa un lugar en nuestro corazón. El hombre del pulso, de la lucha, patrimonio del hogar. El hombre que dialoga serenamente con su hijo y se entrelaza con más fuerza, porque más logra una palabra de cariño que un semblante airado o un gesto autoritario. La autoridad de un Padre no estriba en la fuerza de la mano que humilla sino en el diálogo convincente y sereno.

La voz de aliento que cumplió y cumple su trabajo con certera vocación celebra su día. El amigo que inspira las mejores jugadas. Que aplaude los éxitos secretos y encumbra las públicas emociones.

Hoy es el día de los hombres que practican esa reflexión universal, de quienes miran a sus hijos cuando lo buscan con su mirada, cuando los abrazan al tenderle sus brazos, cuando los besan y escuchan cuando quieren hablar, cuando los cobijan al sentirse solos.

El Padre es esa argumentación permanente que le da sentido a la vida porque la siembra. No el que riega la tierra con hijos para no saber más nunca de ellos con interrogantes sobre su destino.

Desde sus genitales asistimos a la celebración de la existencia. En su canto la vida no cesa de aspirar a ser algo más que vida.

Cuando en la palabra cabe un hombre siempre hay un hombre más sin descubrir, el Padre. Si allí nace un orden, es un orden que no responde sino a un movimiento perpetuo, a un crecimiento sin fin. Los dominios de él son el taller flotante en que se forja la realidad de la vida.

Cetro y corona indiscutibles para aquellos quienes asumen este difícil, loable y determinante compromiso con otro humano a quien han dado el ser. Trono y honores a aquel que asume este compromiso con la vida, de por vida.

Cientos de páginas se escriben sobre el cambiante papel del Padre contemporáneo y sus deberes dentro de la familia. Padre es el que cría, sentenciaba la sabiduría ancestral y en nuestra........

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