Nunca las arepas estuvieron tan vinculadas a la música como en la época cuando se pilaba el maíz. Con golpes de uno o dos pesados mazos de madera, el maíz era descascarillado lentamente antes de ser cocinado, molido y amasado por las laboriosas manos de las mujeres que asumían con dedicación y maestría la actividad diaria de la elaboración de las arepas de la casa. A pesar de lo extenuante y ruda que era la labor de pilar grandes cantidades de maíz, se trataba de un trabajo exclusivamente femenino, lo que no descarta la posibilidad de que en ocasiones se le solicitara ayuda a algún caballero o que éste gentilmente se ofreciera a colaborar con tan pesada labor.

Durante su diaria comparecencia ante el pilón, la rítmica embestida de los mazos de madera sobre los amarillentos granos de maíz depositados en la profunda cavidad del gran mortero, servía de base rítmica para el canto espontáneo de las pilanderas quienes se servían de él para compartir saberes, recordar vivencias, recrear anécdotas y hasta expresar sus más profundos deseos. Nunca tuve la oportunidad de presenciar esta actividad, pero las historias narradas en primera persona por mi madre y mi abuela, la representaciones en escenas filmadas para televisión y cine, así como las reseñas incluidas en textos y publicaciones periódicas, me permiten hacerme una idea precisa de lo laborioso y a la vez ameno de esta actividad.

Lo que sí llegó hasta nuestros días, gracias a la magia de los registros discográficos fueron las canciones que acompañaban esta labor en algunas regiones específicas del país. Una rápida recopilación de los temas musicales que acompañarían este artículo me llevó a seleccionar los más representativos que se pueden encontrar en diversas plataformas digitales, especialmente en YouTube. Cantantes como Morella Muñoz, Soledad Bravo y Betzayda Machado, agrupaciones como el Quinteto Contrapunto y cultores populares como Guillermina Ramírez Cova, dejaron registro de sus versiones de algunos cantos de pilón que pasamos a revisar a continuación.

Por tratarse de un canto de faena o de acompañamiento de las labores de la cocina, se interpretaba al compás de los golpes que producían la caída alternada de los mazos. El ritmo lo definían las pilanderas, dependiendo de la rapidez con la que quisieran terminar el trabajo, y debían mantener la coordinación en la alternancia de los golpes para no chocar las manos o majadores, como también se les llama. El estilo del canto es responsorial, en donde las cantadoras establecen una especie de diálogo en el que se van alternando los versos.

En este ejemplo grabado por el mítico Quinteto Contrapunto, bajo la dirección y arreglos de Rafael Suárez, las maravillosas voces de Morella Muñoz y Marina Auristela Guanche, establecen una jocosa conversación en la que fluyen temas de la cotidianidad.

Dale duro a ese pilón

Io, io…Que se acabe de romper

Io, io…En el monte hay mucho palo mi papá lo sabe hacer.

Ya me duele la cabeza,

Io, io… de tanto darle al pilón,

Io, io…que es pa’ engordar un cochino y comprarme un camisón.

Si por tu marido es,

Io, io… ‘cojelo’ que allá te va,

Io, io…un camisón de cretona no me lo ha llegado a dar.

Allá arriba en aquel cerro,

Io, io… ta’ un matrimonio civil,

Io, io… se casa la bemba e’ burro, con el pescuezo e’ violín.

Alla va la cara e’ diablo,

Io, io… de corazón de demonio,

Io, io… que tiene la lengua negra de levantar testimonios.

Yo no quiero hombre casao,

Io, io… porque ‘jiede’ a matadura,

Io, io…yo quiero uno solterito, que huele a piña madura.

Y la zoqueta se cree,

Io, io… que todo se lo merece

Io, io… y vive en un pe’azo e’ rancho que el viento se lo estremece.

Posteriormente, Morella Muñoz, grabó en solitario su versión del Canto de Pilón.

Oy, oy viva el sol, viva la luna

Oy, oy viva la mata e limón

Oy, oy y que sigan mis amores con el joven asunción

Oy, oy Para arriba y para abajo

Oy, oy anda un hombre tras de mi

Oy, oy aunque rompa su calzado pero no le doy el “yes”

Oy, oy Yo no cambio arroz por plátano

Oy, oy ni café por papelón

Oy, oy que yo no dejo a mi trigueño por un blanco borrachón

Oy, oy Allí allá viene el autobús,

Oy, oy allí con bandera tricolor

Oy, oy allí en él viene mi amante dueño de mi corazón

El peso de la mano o mazo con que se golpea el maíz requiere de un gran esfuerzo físico por parte de las pilanderas al levantarlo y dejarlo caer. Este movimiento repetitivo se refleja en la línea de canto con expresiones como Io, Oy, Ay, Mjú, que representan la exhalación abrupta cuando cae el brazo y expele con fuerza el aire.

La temática abordada en la mayoría de los cantos de pilón es muy variada. Con un lenguaje llano se abordan temas de la cotidianidad inherentes al entorno cercano de las pilanderas como por ejemplo el trabajo, la convivencia, los amores, los desamores, los desacuerdos, entre otros tantos temas.

En esta versión de Soledad Bravo, grabada en 1974, la temática gira en torno a aspectos amorosos.

Las estrellas en el cielo toditas tienen su nombre (mjú, mjú, mjú)

y la ingrata de María la llamo y no me responde (mjú, mjú, mjú)

Allá va la que decía (mjú) qué ella no se enamoraba (mjú)

Y de un cariaqueño menos porque no iba a cargar mara (mjú, mjú, mjú)

Ayer yo te vi venir rascándote la cabeza (mjú)

Le dije a mi compañera allá va la sin vergüenza (mjú, mjú, mjú)

Tuve queriendo una Juana pero no Juana de aquí (mjú, mjú, mjú)

Juana de muy lejas tierras Juana de Paraguachí (mjú, mjú, mjú)

Igual sucede en esta versión de Betsayda Machado con el Trío de Aquiles Báez, extraordinario músico venezolano recientemente fallecido en la ciudad de Berlín.

Viva el sol, viva la luna (ay, ay)

Viva la mata e’taparo (ay, ay)

Yo no dejo mis amores con el hombre que yo amo (ay, ay)

Yo no cambio arroz por plátano (ay, ay)

Ni café por papelón (ay, ay)

Yo no dejo a mi trigueño por un blanco borrachón (ay, ay)

De las versiones más fidedignas revisadas para este artículo está la de Guillermina Ramírez Cova, cultora popular de la población de Cariaco, estado Sucre, quien además fue “partera, curandera de llagas en el cuerpo, santiguadora de culebrillas, poetisa popular y coreógrafa de danzas y comparsas tradicionales”, según destacan diversos portales que contienen su biografía. En una grabación disponible en YoutTube se puede disfrutar de una extensa recopilación de versos de los Cantos de pilón que seguramente aprendió de sus antepasados.

Incluye versos son reflexivos:

Hasta cuándo estaré yo, como garza en la laguna

con el pescuezo estirado y sin esperanza ninguna (Mjú, mjú)

Hasta cuando estaré yo como cachicamo en cueva

esperando tu palabra y de aquí no me voy sin ella (Mjú, mjú)

El hombre que de un pañuelo se le puede agradecer

porque los hombres de ahorita están para que le den (Mjú, mjú)

A mi casa va un chofer, yo lo voy a retirar

porque no tengo garaje ni carro que manejar (Mjú, mjú)

De negro viste la viuda, de amarillo la casada,

de encarnado la doncella y de verde la enamorada (Mjú, mjú)

De los tres colores madre, el moreno es el mejor

blanco se lo lleva el viento y descolorido el sol (Mjú, mjú)

También contiene versos picarescos, en tono de “indirectas” a terceros.

Muchacho dile a tu madre que le mando a decir yo

que yo no tengo marido porque ella me lo quitó (Mjú, mjú)

Esa mujer se ha creído que yo le tengo recelo

y si la llego a agarrar la doblo como un pañuelo (Mjú, mjú)

Y esa mujer se ha creído que en el mundo no hay más hombres

que se mantiene celándolo y yo vivo tan conforme (Mjú, mjú)

Yo me enamoré de ese hombre porque al verlo me gustó

en mis gustos no manda nadie, en mis gustos mando yo (Mjú, mjú)

Yo lo voy a hacer de punto y de punto lo voy a hacer

ese hombre no ha nacido para una sola mujer v

Yo lo voy a hacer de punto y de punto fue que lo hice

si ese hombre era tuyo por qué no me lo dijiste (Mjú, mjú)

Y hasta un par de versos se los dedica a la vanidad y la coquetería femenina.

A mí me gusta pilar pero por la mañanita

porque me gusta lucir vestido de florecita (Mjú, mjú)

Vestido de florecita, yo lo compré con mis reales

y ese no gané yo brincando por los corrales (Mjú, mjú)

En homenaje a Guillermina Ramírez Cova, la gente de Tónico Sesiones grabó una versión de este tema para YouTube titulado Yo lo compré con mis reales, en el que participan Betsayda Machado, Amanda Soriano, Constanza Liz, Ash Andrea, Atapaima (Ana Isabel Domínguez, Ana Cecilia Loyo, Florencia Colina, Lorena Colmenares, Diana Herrera, Cyntia Iradi), Mariannie del Alcázar, Zeneida Rodríguez, Ana Cecilia Loyo, Maga Urdaneta y Laura Guevara.

Me gustaría oír que la música volvió a acompañar a la elaboración de las arepas. Sin embargo la realidad es otra. Los tiempos han cambiado. La harina precocida ha eliminado los procesos de pilado y molienda. Los cantos de las pilanderas fueron acallados por noticas matutinas que suenan en la vieja radio de la cocina y las apresuradas voces de quienes esperan engullir con prisa en matinal alimento para salir rápidamente a cumplir con sus actividades.

Miguel Peña Samuel

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#OPINIÓN Dale duro a ese pilón #17Sep

5 1 0
17.09.2022

Nunca las arepas estuvieron tan vinculadas a la música como en la época cuando se pilaba el maíz. Con golpes de uno o dos pesados mazos de madera, el maíz era descascarillado lentamente antes de ser cocinado, molido y amasado por las laboriosas manos de las mujeres que asumían con dedicación y maestría la actividad diaria de la elaboración de las arepas de la casa. A pesar de lo extenuante y ruda que era la labor de pilar grandes cantidades de maíz, se trataba de un trabajo exclusivamente femenino, lo que no descarta la posibilidad de que en ocasiones se le solicitara ayuda a algún caballero o que éste gentilmente se ofreciera a colaborar con tan pesada labor.

Durante su diaria comparecencia ante el pilón, la rítmica embestida de los mazos de madera sobre los amarillentos granos de maíz depositados en la profunda cavidad del gran mortero, servía de base rítmica para el canto espontáneo de las pilanderas quienes se servían de él para compartir saberes, recordar vivencias, recrear anécdotas y hasta expresar sus más profundos deseos. Nunca tuve la oportunidad de presenciar esta actividad, pero las historias narradas en primera persona por mi madre y mi abuela, la representaciones en escenas filmadas para televisión y cine, así como las reseñas incluidas en textos y publicaciones periódicas, me permiten hacerme una idea precisa de lo laborioso y a la vez ameno de esta actividad.

Lo que sí llegó hasta nuestros días, gracias a la magia de los registros discográficos fueron las canciones que acompañaban esta labor en algunas regiones específicas del país. Una rápida recopilación de los temas musicales que acompañarían este artículo me llevó a seleccionar los más representativos que se pueden encontrar en diversas plataformas digitales, especialmente en YouTube. Cantantes como Morella Muñoz, Soledad Bravo y Betzayda Machado, agrupaciones como el Quinteto Contrapunto y cultores populares como Guillermina Ramírez Cova, dejaron registro de sus versiones de algunos cantos de pilón que pasamos a revisar a continuación.

Por tratarse de un canto de faena o de acompañamiento de las labores de la cocina, se interpretaba al compás de los golpes que producían la caída alternada de los mazos. El ritmo lo definían las pilanderas, dependiendo de la rapidez con la que quisieran terminar el trabajo, y debían mantener la coordinación en la alternancia de los golpes para no chocar las manos o majadores, como también se les llama. El estilo del canto es responsorial, en donde las cantadoras establecen una especie de diálogo en el que se van alternando los versos.

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