Dedicado al inolvidable Rafael “Fuchito” Quijada Hernández

“Hay tres cosas que no pueden ocultarse:

… el sol, la luna y la verdad”
Buda

“Cuídate del hombre que no habla…

… y del perro que no ladra”

Refrán

“En un minuto hay muchos días”

“Estamos hechos de la misma materia que los sueños

…y nuestra pequeña vida termina durmiendo…”

Williams Shakespeare

Preludio II

No había como dejar a Rafael con una sola parte del relato de su existencia. Una tan desnuda y franca como la de cualquiera pero colmada de los diarios con los que nos irradió. Supimos de antemano toda su vocación para sonreír como si anotara gol y chutar como si anotara una sonrisa. Con eso empieza Rafa a darnos su magia, su otro drible indescifrable y su tan descifrable vocación de amistad. Fuchito nunca supo en vida que iba a dar tanto aún sin su presencia. No se pudo tener más oportunidad para valorar la amistad que el recuerdo y las memorias que suscitan a sus familiares, pero sobretodo a sus amigos y conocidos que fueron unos cuantos cientos, tal vez miles si contamos los que lean a través de estas líneas que poco pueden definir o exponer el esplendor de este gentil caballero que dios nos sirvió como dádiva de ternura y como recuerdo del valor prodigioso del panita comprometido.

Cuando el aristócrata de la cancha tocaba suelo era como cuando Rodrigo de Triana divisaba costa de Paria. Un despertar al ejercicio terrenal de ser y estar, porque de “ser o no ser”, Rafa era puro y neto todo un ser ejemplar. De hecho era un gentleman, un lord, sir de Puerto de La Cruz. No obstante el genial poeta William escribía entre sus párrafos célebres: El destino es el que baraja los naipes, pero nosotros somos los que jugamos. Antoja ver a Fucho garrapatear su poesía a razón de amagues atinados, de risas destiladas entre zancas de galgo anglo-africano pues para alabar la verdad era fulminante y grácil como una gacela.

Como en cualquier reseña casi todo se nos queda por fuera pero lo importante se nos queda adentro. Fucho se nos quedó muy adentro cuando estaba, y muy profundo ahora que se nos fue. Sin cuerpo ramplón pero energía en nuestras mentes, sigue en la cancha de cada amigo, de cada corazón conocido donde juguetea inmortal. La energía no se destruye, solo cambia o se transforma. No podía faltar la expresión de la física o filosofía de la naturaleza, pues en la física deportiva, Ra-Fucho era artífice de excelencia y doctor en la filosofía de la agonística.

No lo dije yo ni lo dijo él. Lo escribió William y nosotros no lo contrariamos porque siempre supimos que el que de veras sabe cómo es la vaina no da puntada sin dedal. Por eso no objetamos nada cuando escribió (y parecía que directamente a nos, de allí lo universal): “El amor es un loco tan leal, que cuanto hagáis, sea lo que fuere, no halla mal alguno”, pero sí insinuó sin decir más, que la química del amor es una droga muy potente…

Fucho solo tuvo cuatro amores en la vida. Juana Mª, la novia-esposa, los amigos y el fútbol; eso no cambió jamás. Se lo llevó al sepulcro. Pero no llevó sus 10 mandamientos y menos la impresa sensación de satisfacción que nos legó su sonreír. Fucho no sabía sufrir pero conocía bien el dolor, al que vencía sin esfuerzo.

Llegué a especular que el Señor lo dotó con la espada de San Miguel Arcángel en su sonrisa. Antes que nada “sé verídico contigo mismo”, parecía decir el gesto de su reír. Igual nos enteró en cómo evitar llorar, cuando entramos en el vasto manicomio de lo humano. Lo viviría expresando las frases de Willy: El mundo es cruel y caótico, debemos hacerle frente desde el nacimiento hasta la sepultura. (Shakespeare dixit)

El peor pecado del mundo para Fucho era no sonreírle a la vida o ser indiferente con los amigos o a la Kaimana. Algo impensable. Lo que para cualquier otro sería lo usual, lo esperado, por así decirlo. Así fue que William y Rafael se unieron en un solo impulso al irse acoplados en cuál era en esencia el peor pecado de la humanidad; como era de esperarse el inglés no se hizo rogar y confesó El peor pecado hacia nuestros semejantes, no es odiarlos, sino tratarlos con indiferencia, esto es en esencia la naturaleza de la in-humanidad…

El aristócrata de la cancha extendía su influencia cordial sobre la plebe futbolística y los entusiastas que lo querían diciendo o arengando en los juegos como si fueran hooligans ñeros de Fucho Arismendi. El General de la Amistad. El oficial del amor y el comandante de los cenáculos abiertos y entusiastas del balompié insular.

Fucho recordaba (entre otros en el reino de los inmortales) al amado Eddie Nadia quien jugaba como si brincara en zapatillas de valet como un gay virgen o un príncipe gay. Otro inmortal simbólico porque era el único de todos nosotros que respiraba bajo el agua, el inmemorial y cuatriborleado, Aquaman Torossi. El único que podía ahogarse por no subir a respirar a tiempo, pero nunca por necesitar aire. Llegaba a aguantar minutos bajo el agua o bajo un manglar prieto como agujero negro. El investigador submarino era el futbolista con la fetidez a patas más fuerte de todos los tiempos. Muy de lejos llegaba el tufo del sobaco de Serafino tras usar días la misma franela sin lavar de la kaimana. Una ofensa total para el ambiente y para los ambientados. Provocaba incinerarlos como una prueba de salubridad.

Las lenguas celestiales también comentan en los corrillos. Los ángeles celestiales y los terrenales son escogidos por la providencia al azar. Rafael, solo dios sabe, iluminó a San Pedro con una sonrisa de marca mayor. Pedro corrió entre las nubes para llevar al sereno al escogido de luces divinas por su sonrisa. Desde su nacimiento Fuchito llevaba la sonrisa de dios en sus labios y su devoción profunda en el corazón. Los ángeles terrenales nunca viven tanto tiempo. A Fucho se le concedió un pase de tiempo extra que usufructuó hasta que su risita se extinguió para encender los cielos con la figura de su alma de luz en el firmamento.

Por todo aquello en el edén se presumía, y aquí en los templos del sereno también, que el fango de Rafa fue concebido como barro del propio Cristo pero las costillas fueron la de una pagana. Por eso la perrera humana indigna de dios temía la luz divina del elegido. Fucho llevaba manto de protección contra súcubos femeninos y en el cielo se aseguraba que toda mujer era un demonio de cuidado ungido de incitación. Pero la más perra de las demonias se desacoplaba ante la luz de Fuchada aquél de la tabla de Los 10 mandamientos de la risa.

Solo un evento cada 4 años trastornaba el régimen de Fucho y lo hacía vulnerable a demonias y demonios margari-ñeros. Hay que ver cómo han aumentado los satánicos con la gente zurda que no pegan ni una. El aglutinante de la rebelión es una goma impalpable que no se une a nada que no sea a los churupos mal obtenidos y al pónganme dónde hay. Fucho condenaba la revolución, y sin embargo trabajó su carrera de acuicultura por diecisiete (17) años en Insopesca después de graduarse en el núcleo Nueva Esparta de la UDO.

Para Fucho y el grupo los mundiales de fútbol que marcaron nuestra fascinación por el deporte rey fueron: los de Alemania 74, Argentina 78, España 82 y México 86, todos del siglo pasado. Fuimos varios los congregados en la casa de Magoo, Nelinho y mía. Los tres residíamos en una casa alquilada frente al estadio nuevo de La Asunción construido por los años de ni me acuerdo como un domo ovni del famoso caso de Roswell y del área 51. Poco faltó para dibujar al frente del domo los ojos ovoides y saltones de alienígenas reptilianos.

Fucho no faltó a ninguno. E hizo siempre comentarios supremos de cada situación particular que sobraban entre cada juego del calendario donde lo usual era que cada uno llevara su estadística en un tríptico e incluso con un álbum de calcomanías con almanaque y los crack del momento. En el de Alemania bautizamos a Fucho como el Káiser marga-ñero.

Fucho fue concebido un día domingo de galas por obra y gracia del Espíritu Santo y el Superior. Su luz fue glorificada y fulgura en el firmamento como retoño de la energía clara. Ni vivo ni eterno, demonio alguno pudo con el fulgor de su risa. Fuchito sólo cambió de domicilio a una dimensión de energía pura. Ahora en el cielo es invencible pues es la jugada donde cada vez que Satán lo desafía, siempre lo golea con la máxima de su sonrisa esa expresión con los que Fuchada transmitió su decálogo de mandamientos esenciales para morirse de la risa, o morirse con una sonrisa columpiándose en los labios del adiós…

MAFC

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#OPINIÓN El Último Drible Mágico de Fuchito Quijada (Parte II) #30May

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30.05.2022

Dedicado al inolvidable Rafael “Fuchito” Quijada Hernández

“Hay tres cosas que no pueden ocultarse:

… el sol, la luna y la verdad”
Buda

“Cuídate del hombre que no habla…

… y del perro que no ladra”

Refrán

“En un minuto hay muchos días”

“Estamos hechos de la misma materia que los sueños

…y nuestra pequeña vida termina durmiendo…”

Williams Shakespeare

Preludio II

No había como dejar a Rafael con una sola parte del relato de su existencia. Una tan desnuda y franca como la de cualquiera pero colmada de los diarios con los que nos irradió. Supimos de antemano toda su vocación para sonreír como si anotara gol y chutar como si anotara una sonrisa. Con eso empieza Rafa a darnos su magia, su otro drible indescifrable y su tan descifrable vocación de amistad. Fuchito nunca supo en vida que iba a dar tanto aún sin su presencia. No se pudo tener más oportunidad para valorar la amistad que el recuerdo y las memorias que suscitan a sus familiares, pero sobretodo a sus amigos y conocidos que fueron unos cuantos cientos, tal vez miles si contamos los que lean a través de estas líneas que poco pueden definir o exponer el esplendor de este gentil caballero que dios nos sirvió como dádiva de ternura y como recuerdo del valor prodigioso del panita comprometido.

Cuando el aristócrata de la cancha tocaba suelo era como cuando Rodrigo de Triana divisaba costa de Paria. Un despertar al ejercicio terrenal de ser y estar, porque de “ser o no ser”, Rafa era puro y neto todo un ser ejemplar. De hecho era un gentleman, un lord, sir de Puerto de La Cruz. No obstante el genial poeta William escribía entre sus párrafos célebres: El destino es el que baraja los naipes, pero nosotros somos los que jugamos. Antoja ver a Fucho garrapatear su poesía a razón de amagues atinados, de risas destiladas entre zancas de galgo anglo-africano pues para alabar la verdad era fulminante y grácil como una gacela.

Como en cualquier reseña casi todo se nos queda por fuera pero lo importante se nos queda adentro. Fucho se nos quedó muy adentro cuando estaba, y muy profundo ahora que se........

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