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#OPINIÓN Karl Marx y el marxismo teórico (Parte VIII) #6Sep

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06.09.2020

Entonces, si Marx, pese a su apariencia de erudito, no estaba motivado por el amor a la verdad, ¿cuál era la fuerza que le impulsaba?.

Para descubrirlo se debe hacer un estudio mucho más profundo de sus características personales. Es un hecho, y en cierto sentido lamentable, que obras gigantescas del intelecto no surgen del obrar abstracto del cerebro y de la imaginación. Tienen sus raíces más profundas en la personalidad.

Marx es un ejemplo sobresaliente de este principio. Ya hemos tratado la presentación de su filosofía, como la amalgama de su visión poética, su habilidad periodística y su academicismo.

Pero, también, puede mostrarse que su contenido real puede relacionarse con cuatro aspectos de su carácter: su gusto por la violencia, su apetito de poder, su incapacidad de administrar dinero y, sobre todo, su tendencia a explotar a quienes le rodeaban.

1.- La Violencia. El elemento de violencia siempre subyacente en el marxismo y, constantemente, puesto en evidencia por la conducta de los regímenes marxistas fue una proyección de lo que este hombre era. Marx vivió su vida en un clima de gran violencia verbal, estallando periódicamente en enfrentamientos violentos llegando, a veces, a la agresión física.

Las peleas de familia de Marx fueron casi lo primero que le llamó la atención en él a su futura esposa Jenny von Westphalen. Sus enfrentamientos con su familia, ensombrecieron los últimos años de la vida de su padre, y en su momento llevaron a una ruptura completa con su madre.

En la universidad de Bonn, la policía le arrestó por tener una pistola y casi le expulsan. De los archivos de la universidad surge que, intervino en enfrentamientos de estudiantes, tuvo un duelo y recibió un tajo sobre el ojo izquierdo.

Una de las primeras cartas de Jenny (su esposa) a Marx, que se conservan, dice: “Por favor, no escribas con tanto resentimiento y fastidio”, y resulta evidente que muchas de sus incesantes peleas surgían de su forma agresiva de expresarse al escribir y, más aún, al hablar, en este último caso, a menudo, agravada por el alcohol.

Marx no era un alcohólico, pero bebía con regularidad, frecuentemente en abundancia, y se embarcaba en rachas de bebida. Su problema fue en parte que, desde que promedió los veinte años, Marx fue siempre un exiliado que vivió casi........

© El Impulso


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