El maremoto electoral sucedido en Colombia en contra de los partidos políticos y la manifestación de una protesta brutal, convertida en votos, en rechazo a la forma como se han venido manejado los asuntos públicos en la hermana nación, representan un invaluable espejo de la situación interna que tenemos en Venezuela, con el agravante para nosotros que allà funcionan los equilibrios institucionales y acá no.

Ese setenta por ciento en contra del establecimiento político de Colombia que reflejaron los resultados de la primera vuelta para elegir al Presidente de la República es el mismo setenta por ciento que en Venezuela se abstuvo en las elecciones regionales y municipales de Noviembre del pasado año y que fue y es un claro rechazo a la manera como el estamento político maneja la grave crisis humanitaria que sufrimos. Por ello mismo, debido a las apetencias personales de representantes partidista, así como aventuras de ciertos sectores de la sociedad civil separados de los partidos, hicieron que la oposición fuera desmembrada a las elecciones aludidas y en vez de obtener un triunfo en la mayoría de las gobernaciones y alcaldías, nos tuviéramos que contentar con un reducido números de ellas.

Si en Colombia no hubiera segunda vuelta ya el Presidente sería Gustavo Petro, líder de izquierda que puede hacer en su país lo mismo que hicieron Hugo Chávez y Nicolás Maduro en el nuestro. Para quien tenga dudas le invitamos a revisar los informes de la ONU y releer la Encuesta Encovi. Dentro de los defectos que tenemos los que escribimos en este espacio no està asumir posiciones demagógicas, por ello no creemos esa conseja popular de que “el pueblo nunca se equivoca”. Prueba de ello fueron las elecciones del 1998 en Venezuela que entronizó en el gobierno el calamitoso chavismo que desoló al país. Pero en la hermana república neogranadina existe la posibilidad de recapacitar a través de una segunda vuelta que le permita al elector otra oportunidad para decidir sobre su futuro como pueblo. En Venezuela no sucede lo mismo, pues quien gana, aunque sea por un solo voto de diferencia, se convierte de manera automática en Presidente de la República.

El balotaje o segunda vuelta electoral es una institución de mucha importancia en la vida republicana de los países democráticos y consiste en blindar un triunfo que represente la mayoría de los votantes para el cargo en contienda. No hay duda de que hay eventos electorales que finalizan con un resultado que le da el triunfo a un candidato que muchas veces ni siquiera representa la cuarta parte del electorado, como sucedió en las elecciones en las cuales resultó favorecido Rafael Caldera en su segundo mandato. Sin entrar a calificar la gestión de este avezado político venezolano, creemos que no es apropiado declarar como ganador en una contienda electiva a quien es rechazado, o por lo menos no votado, por el setenta y cinco por ciento de la población sufragante.

Este sistema del balotaje consiste en realizar una segunda vuelta entre los dos candidatos que han tenido mayor número de votos en la primera vuelta, si ninguno llega a tener la mayoría absoluta o el cincuenta por ciento de los sufragios. El porcentaje varía en algunos países que han acogido este sistema, fijando por ejemplo el cuarenta por ciento en algunas legislaciones. El empate en la segunda vuelta en casi todos los países que acogen este sistema se resuelve por sorteo. Pero lo cierto es que esta fórmula garantiza un piso amplio de apoyo popular a quien se declare ganador. Creemos que una de las reformas fundamentales que debe realizarse sobre la Constitución, es imponer el sistema de balotaje en el país, proposición que seguramente algunos la verán ingenua, tomando en consideración los intereses de los factores partidistas.

Entonces si en nuestro país existe una mayoría abrumadora de opositores al gobierno de Maduro que se ubica en aproximadamente ochenta por ciento, la posibilidad de tener unas elecciones confiables con observación internacional sobre un sistema electoral auditable, lo que fundamentalmente necesitamos es una gran unidad que concentre ese rechazo mayoritario en contra del régimen que ha hundido al país en la miseria. Lo contrario podría significar el triunfo legítimo de la corriente oficialista, en caso de que la oposición resuelva ir dividida a las elecciones, pues un veinte y pico por ciento que puede conseguir el chavismo-madurismo le daría el triunfo. Siniestra tragedia que nos aterra de solo imaginarla. Piénsese en la imagen que proyectaríamos ante la comunidad internacional democrática que tanto nos ha apoyado en conseguir el camino democrático, que ahora resulte elegido por el pueblo quién probadamente ha cometido crímenes de lesa humanidad y está marcado por permitir y aprovechar una corrupción generalizada.

Ante este peligro los partidos que antes conformaban la MUD y luego el Frente Amplio, decidieron integrarse en una plataforma unitaria para trabajar juntos y seleccionar un candidato único, algo en verdad plausible pero que abre las puertas a varias interrogantes, como las siguientes: ¿estos partidos representan realmente a esa oposición mayoritaria? ¿Las primarias será un torneo de militancias partidistas o un proceso abierto en el cual el mundo independiente se sienta representado? ¿Existe entre estos partidos el suficiente espíritu de cuerpo y humildad para entender que ellos actualmente apenas representan, entre todos, un pequeño porcentaje de la oposición venezolana y que por lo tanto están obligados a entenderse con el resto de las vanguardias ciudadanas en igualdad de condiciones? Toca a esta plataforma despejar estas dudas y presentar al país una propuesta que genere credibilidad y entusiasmo. A ello apostamos con esperanza republicana.

Jorge Rosell y Jorge Euclides Ramírez

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#OPINIÓN Visión ciudadana: Colombia hermana y espejo #9Jun

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09.06.2022

El maremoto electoral sucedido en Colombia en contra de los partidos políticos y la manifestación de una protesta brutal, convertida en votos, en rechazo a la forma como se han venido manejado los asuntos públicos en la hermana nación, representan un invaluable espejo de la situación interna que tenemos en Venezuela, con el agravante para nosotros que allà funcionan los equilibrios institucionales y acá no.

Ese setenta por ciento en contra del establecimiento político de Colombia que reflejaron los resultados de la primera vuelta para elegir al Presidente de la República es el mismo setenta por ciento que en Venezuela se abstuvo en las elecciones regionales y municipales de Noviembre del pasado año y que fue y es un claro rechazo a la manera como el estamento político maneja la grave crisis humanitaria que sufrimos. Por ello mismo, debido a las apetencias personales de representantes partidista, así como aventuras de ciertos sectores de la sociedad civil separados de los partidos, hicieron que la oposición fuera desmembrada a las elecciones aludidas y en vez de obtener un triunfo en la mayoría de las gobernaciones y alcaldías, nos tuviéramos que contentar con un reducido números de ellas.

Si en Colombia no hubiera segunda vuelta ya el Presidente sería Gustavo Petro, líder de izquierda que puede hacer en su país lo mismo que hicieron Hugo Chávez y Nicolás Maduro en el nuestro. Para quien tenga dudas le invitamos a revisar los informes de la ONU y releer la Encuesta Encovi. Dentro de los defectos que tenemos los que escribimos en........

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