Ormuz, energía y extorsión

“La dependencia energética creció y crecerá brutalmente, también la exposición al chantaje de quienes la poseen. Eso explica muchas acciones geopolíticas”.

Hay algo esencial y de lo cual, cuando hablamos, se presiente como obviedad, pareciera que olvidamos su importancia, que diéramos por sentado su existencia. Quizá por estar acostumbrados a su fácil acceso sentimos una inconsciente seguridad, hasta que un día nos falta. La energía es inherente a la vida que conocemos, ningún ser viviente subsistiría sin ella. Hace funcionar a nuestro organismo cuando, mediante el metabolismo, transformamos la que aportan los alimentos en movimiento muscular y calor, asimismo diariamente, nuestra piel absorbe, sin darnos cuenta, los rayos UV que provienen del sol. Esa luz ha hecho posible la vida en la tierra, así vemos como existen organismos que pueden aprovecharla directamente, como los vegetales a través de la fotosíntesis y también algunas otras especies diferentes. Por otra parte, sabemos perfectamente que  los animales llamados de sangre fría se termorregulan exponiéndose directamente a los rayos solares, en cambio los seres de sangre caliente generan su propio calor, como nosotros los humanos; además utilizamos sus radiaciones en la síntesis de la vitamina D, o para producir la hormona serotonina, un estabilizador primordial para lograr el equilibrio entre el cuerpo y la mente. La percepción de la luz solar regula los ritmos circadianos, o sea los del sueño y la vigilia. Recordar todo esto tiene un objeto y un sentido, concientizarnos de la importancia vital de la energía, en cualquiera de sus manifestaciones, para el ser humano. 

Sabemos que nosotros no inventamos las fuentes de calor. El fuego, estaba en la naturaleza desde siempre, se producía espontáneamente y de diferentes formas, solo aprendimos a dominarlo, conservarlo y luego a producirlo,........

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