El ajolote y el carácter nacional mexicano
Este muy curioso animal, endémico de Nueva España, México, ha sido motivo para crear una mitología en torno a su fantástica vida y su relación con los seres humanos. No es enteramente acuático ni enteramente terrestre: es un anfibio. Lo característico de ellos son sus branquias externas, a menudo de otro color. No son renacuajos ni salamandras. Son otra cosa. Se conservan juveniles en estado adulto, regeneran extremidades y colas perdidas, sistema nervioso, corazón, ojos. Su genoma es 10 veces más grande que el genoma humano, rasgo que ha llamado poderosamente la atención a científicos, antropólogos y literatos.
Se le ha llamado de diversas maneras en la historia: Girinus mexicano, Stegosaurus pisciforme, Tritón mexicano, Sirena pisciforme, Siredon humboldtii, Siredon alba, múltiples denominaciones que nos dan una idea de una inseguridad cognoscitiva frente a este animalejo. Una crisis de conciencia semejante a la de Europa al descubrirse cisnes negros en la remota Australia en los años 1600.
Los aztecas, que venían del norte, se toparon con ellos en las cercanías de la actual ciudad de México y su enorme sistema de lagunas. En la lengua náhuatl significa monstruo acuático, relacionado con Xólotl, dios azteca del rayo y el fuego, hermano de Quetzalcóatl, la serpiente emplumada. Xólotl se encuentra asociado a la idea del perpetuo movimiento y de la vida de acuerdo con la leyenda del Quinto Sol, cosmovisión azteca de la creación del mundo, el universo y la humanidad. Una escatología repetitiva de creación y destrucción, donde no existe un tiempo previo humano.
El primer antropólogo de la temprana modernidad, fray Bernardino de Sahagún Ribeira........
