¿Dónde se graduó de juez? -Parte IV-

«La justicia es una de esas palabras que, como la libertad o la democracia, sirven a veces para ocultar las peores infamias».

El ocaso de la arbitrariedad en el estrado

La «cara de tabla» ante la flagrancia judicial. En esta entrega denunciamos el descaro de ese juzgador que, con una «cara de tabla» imperturbable y pétrea, convalida y da el visto bueno a los vicios más nauseabundos de los órganos de prueba. No le importa ser sorprendido en flagrancia; su mirada es la de quien se sabe inmune a cualquier revisión superior. Es el escenario dantesco donde se observa cómo se fabrican testimonios o se alteran actas bajo la mirada complaciente de quien debería ser el garante del proceso. Pero el horror no termina allí: cuando la defensa técnica, en ejercicio de su deber sagrado y constitucional, levanta la voz para señalar la irregularidad o la falsedad evidente, este juzgador no corrige el rumbo. Por el contrario, arremete contra el defensor con una saña desmedida y una soberbia punzante, como si la verdad fuera un enemigo personal al que debe aniquilar para preservar su feudo de impunidad.

Trastornos de la personalidad y casos psiquiátricos en el estrado

Actúa como si la denuncia de la verdad fuera un desacato personal, una ofensa a su autoridad que no debe permitirse, transformando la audiencia en un escenario de inquisición donde el acusado ya está sentenciado por el capricho del estrado. Antes de que se abra el primer folio del debate, el veredicto ya ha sido dictado en las sombras. Lo que presenciamos en estos tribunales no es solo falta de ética, es un verdadero cuadro clínico de trastornos de la personalidad que desfilan con impunidad. Estamos ante individuos que carecen de salud mental; casos psiquiátricos donde la bipolaridad, rasgos de esquizofrenia o la psicopatía funcional dictan sentencia sobre la vida y bienes de los ciudadanos.

Psicopatía y la falacia del desvío

Estos personajes presentan una conciencia cognitiva plenamente desarrollada, pues saben perfectamente cómo torcer la norma y manipular el proceso para sus fines inconfesables. Sin embargo, carecen de la conciencia moral más elemental, siendo incapaces de sentir empatía por el daño causado a las familias y a la fe pública. Se trata de una figura experta en la falacia del desvío: como todo psicópata, posee la habilidad de devolver cualquier argumento de la defensa, por sólido que sea, construyéndolo maliciosamente en contra del propio defensor.........

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