Es posible que en los próximos cuatro años Colombia nos ofrezca una lección de sofisticación política. La secuela a la elección de Gustavo Petro ha sido hasta ahora sorprendente, y en ello destaca su largo encuentro con el expresidente Álvaro Uribe Vélez.

Sin lugar a duda el señor Petro parece haber sido todo lo que se dice, pero posee un nivel intelectual superior al de sus contrapartes en la adolorida Venezuela donde imperan la ignorancia, la chabacanería, la vulgaridad, la falta de autoestima, el rastacuerismo y la petulancia.

Además, el movimiento de Petro no cuenta con unas fuerzas armadas socavadas por años de inutilidad, complicidad, prebendas, e indolencia. Y si bien ambas naciones comparten el flagelo del narcotráfico, en Colombia existe experiencia más reciente en el violento choque entre civilización y barbarie.

El señor Petro cometerá una buena cantidad de errores, y dirá chocancias y disparates, sobre todo para contentar a la jauría roja que constituye su base fundamental, pero por lo pronto tendrá que moverse dentro de una institucionalidad en altísimo estado de alerta que no le permitirá hacer todo lo que le venga en gana.

Es probable que su gobierno sea un desastre y que Colombia pague un precio por creer en unas promesas electoreras más diseñadas para agitar un espíritu de venganza que para asegurar paz y prosperidad. Pero ese retroceso tiene un límite de cuatro años para agotarse dentro de todos esos muros de contención que desde ya se encuentran en alerta roja.

Sería maravilloso saber qué se dijeron Petro y Uribe Vélez en esa hora y pico de conversación: Porque tigre no come tigre, y Uribe – que tiene el tonto bien lejos – representa una fuerza política de suma consideración, cosa que no estuvo presente ni en Venezuela ni en Cuba en sus respectivos momentos.

Petro sin duda debilitará el cordón sanitario que Occidente ha tendido para aislar a la dictadura madurista. Y dará apoyo histriónico al régimen – como lo hace su camarada López Obrador – para apaciguar a su propia extrema izquierda.

Reabrirán fronteras, restablecerán relaciones y reanudarán las importaciones – hasta que la depauperada Venezuela comience a dejar de pagar a sus proveedores colombianos. También nos seguirán exportando detritus guerrilleros para que encuentren aquí ajusticiamiento a manos de sicarios caza recompensas.

La Venezuela democrática por ahora no podrá mirar hacia el gobierno colombiano en busca de apoyo a la causa de la libertad. Pero en cuanto a la propia Colombia, parece que ella será como la famosa Vitola, la que se defendía sola.

Antonio A. Herrera-Vaillant

aherreravaillant@yahoo.com

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#OPINIÓN Como vitola #7Jul

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07.07.2022

Es posible que en los próximos cuatro años Colombia nos ofrezca una lección de sofisticación política. La secuela a la elección de Gustavo Petro ha sido hasta ahora sorprendente, y en ello destaca su largo encuentro con el expresidente Álvaro Uribe Vélez.

Sin lugar a duda el señor Petro parece haber sido todo lo que se dice, pero posee un nivel intelectual superior al de sus contrapartes en la adolorida Venezuela donde imperan la ignorancia, la chabacanería, la vulgaridad, la falta de autoestima, el rastacuerismo y la petulancia.

Además, el movimiento de Petro no cuenta con unas fuerzas armadas socavadas por años de inutilidad, complicidad, prebendas, e indolencia. Y si bien ambas naciones comparten el flagelo del narcotráfico, en Colombia existe experiencia........

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