Por la puerta del sol -253-: Uno aprende |
Cada día es una ganancia, un logro, uno aprende a dar gracias y a defender cada rincón de la memoria. Aprende que son los caminos fallidos los que nos llevan a la pérdida de la brújula. Uno aprende a ver esos campos de verdor inigualable y de llanuras estériles por donde los abuelos dejaron sobre los caminos sus pisadas, las de sus animales, sus carromatos, sus cansancios, sus trovas etc. Siguen siendo inagotables los recuerdos que se niegan a conocer el olvido, pues es en las raíces donde quedan las ligaduras que nos atan, alientan nuestras reacciones y la armazón de nuestra espiritualidad.
Es mediodía, hace calor, gente va y gente viene, bajo este techo ardiente de sol, una nube negra amenaza lluvia, pasa por el cielo a millón hasta perderse en la distancia. Es ese caminar y caminar, andar y andar sin saber hasta dónde tendremos que caminar y encontrar una sombra que nos proteja de esa pepa de sol inclemente que nos chamusca el pelo y derrite el cerebro. Me vienen a la memoria las palabras de Juan Rulfo del “El Llano en llamas” cuando cansado de caminar leguas por esa tierra seca llanera de la que quería salir pronto, soñaba con caminar por tierras con vegetación y con río, renegaba del calor y decía: “Me gusta la tierra verde, no este duro pellejo de vaca llamado llano”. De las dos temporadas uno aprende lo necesario que es el frío y el calor, para la siembra. Allí está el árbol de la vida. Todo es cambio, todo rueda del cielo hacia nosotros, la puerta de entrada es primavera, la de salida el ocaso. Corta es la infancia, largo, larguísimo y frío es el ocaso…
Uno aprende cuando anda por esos caminos de Europa a escuchar el ligero rumor del otoño y a sentir el aire que lleva y trae el aroma de la hierba verde y fresca de la temporada. Tierra invernal de los adioses, cielo gris acelerado donde las horas pasan rápido con su eterno encantamiento frío, gesto y belleza de un paisaje que pasa fugitivo por un instante de adioses que quedaron en suspenso. Uno aprende de los vendavales cuando azotan el campo rugiendo, silbando y haciendo que las ventanas se sacudan con inclemencia. Esto ocurre cuando está aún lejos la primavera. No es extraño encontrarse en la madrugada con el campo lleno de escarcha.
Amiga Erika, esto dice el poeta: “La aguja cose con aguja fina el tiempo”. Pero el tiempo, poeta no sabe de fe, de esa fe que mueve montañas, que nos pone bonito el semblante, que nos alegra y nos sorprende el alma, que va dejando atrás el pan diseminado de los momentos de tanta amargura y encierro. Esa flor que trae la esperanza avanza con decidido aroma a perfumar los caminos que Dios te pone al frente. Dios tarda pero no olvida amiga querida. En tu espacio hoy el amor ocupa todo, ocupa como el día toda la luz que tiene el universo. El mar y el mundo conocen ese amor que todo une en un abrazo eterno.
Uno aprende a pasear con el viento… Neruda nos pone a pensar cuando dice que no hay infortunio que no reconstruya. A puro pie y constancia y a puro amor se deshacen las distancias, la constancia vence, la dicha espera más allá del largo camino. Supiste encender tu vida, reclamaste lo que se te había perdido y lo encontraste. De tanta nada que sacaste de la nada, de mucho te servirá la vida en adelante…Suerte y adelante, el tiempo no espera a nadie, sigue tu estrella. Uno aprende que para llegar al cielo hay que pasar por el infierno.
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