Suelta la moto

Barranquilla siempre ha tenido una relación compleja con el agua. Convivimos con los arroyos, corremos cuando empieza a serenar y la ciudad se frena por un aguacero. Pero lo vivido a comienzos de febrero rompió cualquier esquema conocido. Que entre el primero y el seis hayamos tenido días de lluvia casi ininterrumpida, incluso con las brisas habituales, no es normal para esta época. Algo cambió.

Y ahí aparece lo malo. Porque más allá de cualquier discusión técnica del cambio climático lo malo es lo que uno siente cuando empieza a llover así. Para algunos sectores, como el agro la lluvia es alivio. Pero quienes hemos pasado por el sector público, sentimos angustia. Cada aguacero anticipa una noticia triste. Uno sabe que mientras el........

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