León XIV en la retórica de Trump |
Menuda batahola ha provocado oooootra vez Donald Trump. No tanto por la anécdota -una más en su largo repertorio de excesos- sino por lo que muestra: la tentación persistente del poder político de invadir el terreno de lo sagrado cuando ya no (le) satisfacen los límites de lo terrenal. Primero, el desdén hacia la figura papal; después, la insinuación -tan absurda como reveladora- de que la autoridad espiritual puede derivarse del poder político; finalmente, la escenificación narcisista, amplificada por herramientas digitales, donde el líder estadounidense se proyecta en clave mesiánica. No es un desliz. Es una lógica.
Lo que está en juego no es un exabrupto más de Trump, sino una vieja pulsión: la confusión entre autoridad política y legitimidad moral. Esa que Max Weber desmontó hace más de un siglo al distinguir entre dominación legal, tradicional y carismática. Trump no gobierna solo desde la legalidad electoral; busca, sistemáticamente, instalarse en la dimensión carismática, esa donde el líder no solo no se equivoca, sino que además se vuelve ejemplo social.
El problema es que esa operación, ese salto mortal, esa encarnación tiene límites. Y uno de ellos -quizá el más antiguo-........