Gonzalo Celorio, Premio Cervantes

Hay elogios que se quedan en la superficie, y hay otros que obligan a tomar postura. Esta columna aspira a lo segundo: no a aplaudir por inercia, sino a reconocer —con plena conciencia— lo que significa que un mexicano reciba el Premio Miguel de Cervantes. Porque en tiempos de ruido, celebrar la inteligencia es, también, una forma de resistencia. Resistencia política, social, cultural, humana y muy personal.

“La nación mexicana está ligada a la historia y cultura españolas. México es parte de lo que Carlos Fuentes llamó felizmente el territorio de la Mancha”, dijo Gonzalo Celorio. Y en esa frase —aparentemente serena— hay una provocación elegante contra la tentación contemporánea de fragmentarlo todo: la historia, la lengua, la identidad, la gente, la vida misma.

“Si físicamente somos lo que comemos, espiritualmente somos lo que leemos”. Celorio no sólo escribe: fija coordenadas. Nos recuerda que la lectura no es ornamento cultural, sino arquitectura interior; que una sociedad que deja de leer no se empobrece: se descompone. Y hoy la descomposición puede ser, además, muy rápida.

“México y España son más que países hermanos”, afirmó Felipe VI. Y aunque la diplomacia suele abusar de las fórmulas, aquí hay una verdad que resiste la sospecha: compartimos una lengua que no nos........

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