El año en que la polÃtica dejó de prometer |
Durante años se asumió que la polÃtica servÃa para ordenar conflictos, producir sentido y ofrecer horizontes. 2025 terminó de erosionar esa idea. No porque hayan desaparecido gobiernos o elecciones, sino porque lo que entendÃamos por POLÃTICA -en mayúsculas, como espacio de mediación y proyecto- empezó a vaciarse por dentro. Ya no imagina: contiene. No convoca: regula daños. No construye sentido: administra cansancio.
El sÃntoma más visible fue la erosión generalizada de la representación. Elecciones hubo -muchas-, pero entusiasmo poco. En distintos paÃses, los procesos formales produjeron gobiernos débiles, cuestionados o irrelevantes. Votaciones que cumplen el rito democrático sin generar legitimidad. La urna sigue funcionando; la confianza, no.
En algunos lugares, votar se volvió un trámite destinado a confirmar lo previsible. En otros, una ceremonia que administra expectativas a la baja. Cambian los nombres, no las lógicas. Se promete ruptura y se entrega continuidad; se invoca al pueblo mientras se reduce su margen de decisión. La polÃtica aprende a sobrevivir sin entusiasmo.
En los casos más extremos,........