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¿Qué tienen en común un estudiante y un corresponsal?

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18.07.2026

A primera vista, muy poco. Uno estudia; el otro informa. Uno llega a un campus; el otro, a una sala de redacción. Uno aspira a un título; el otro, a publicar una nota.

Ninguno cruza el Río Bravo de noche ni salta una barda. Sin embargo, para Donald Trump ambos parecen pertenecer a la misma categoría. Y es que producen y trasmiten conocimiento, moldean la opinión pública y, peor aún, tienen la mala costumbre de hacer preguntas.

La administración estadounidense acaba de anunciar que limitará el tiempo de permanencia en el país de estudiantes extranjeros y de corresponsales.

Oficialmente se trata de un ajuste administrativo dentro de su política migratoria. También se podría suponer que semejante decisión responde a una amenaza igualmente monumental a las implicaciones de la iniciativa gubernamental. Pero cuesta trabajo encontrar esa amenaza.

Los estudiantes extranjeros no son precisamente el rostro de la migración irregular. Llegan con visa, pasan filtros, acreditan solvencia económica, cumplen requisitos académicos y, además, suelen dedicar más horas a la biblioteca que a conspirar contra el gobierno en turno. Qué imprudencia la de ellos.

Tampoco representan una carga económica. Al contrario. Pagan colegiaturas, consumen, investigan, innovan y, en no pocos casos,........

© El Heraldo de México