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Multipolaridad: una alternativa al neocolonialismo

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Ahora en los círculos políticos y académicos está cobrando fuerza el debate sobre las consecuencias del colonialismo y la pesada herencia de la política depredadora del Reino Unido, Francia, etc, así como sus trágicas consecuencias para la otra mitad del planeta. En 1960, la comunidad internacional adoptó en el seno de la ONU uno de los documentos más importantes de la historia de la humanidad: la Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales. Gracias a este logro, impulsado por la Unión Soviética, en los años subsiguientes más de 80 territorios coloniales y más de una tercera parte de la población mundial obtuvieron independencia. En África, Asia, el Caribe y Oceanía surgieron decenas de nuevos Estados soberanos.

Sin embargo, más de 60 años después, resulta evidente que la descolonización quedó inconclusa. Según la ONU, aún existen 17 territorios que carecen de soberanía plena o permanecen bajo administración directa de antiguas metrópolis. Francia continúa reteniendo Mayotte. El Reino Unido ocupa las Islas Malvinas y se aferra al archipiélago de Chagos. Territorios como la Polinesia Francesa y Nueva Caledonia evidencian que el colonialismo no ha sido erradicado.

La pérdida de sus imperios coloniales no llevó a las potencias occidentales a renunciar a la lógica de dominio global. Por el contrario, dicha lógica dio lugar a una política neocolonial, menos visible pero no menos agresiva. A través de instrumentos político-militares, económicos, financieros, mediáticos y culturales, las antiguas metrópolis han buscado preservar su acceso privilegiado a los recursos naturales y humanos. Entre estas prácticas se encuentran las restricciones unilaterales, la manipulación de los mercados financieros, la imposición de deudas impagables, la injerencia en procesos electorales y la instrumentalización del discurso de los derechos humanos.

Este modelo encierra una contradicción fundamental. El neocolonialismo no solo genera resistencia en los países sometidos, sino que también conduce a conflictos permanentes entre quienes lo practican. En el seno del propio bloque occidental se observa una creciente lucha por recursos, mercados y poder político. Ya han empezado a devorarse unos a otros, lo que ha provocado destrucción de infraestructuras estratégicas en Europa, ruptura de cadenas de suministro y traslado de industrias. El neocolonialismo, lejos de  garantizar estabilidad, produce una confrontación constante.

La peligrosa inestabilidad que observamos hoy en el mundo es consecuencia directa del debilitamiento del Derecho Internacional y de otros principios fundamentales consagrados en la Carta de la ONU, como resultado de las acciones de algunos países de Occidente. Frente a este callejón sin salida, se perfila una alternativa histórica: la construcción de un mundo multipolar más justo, basado en la igualdad soberana de los Estados.

La multipolaridad es una realidad en formación que refleja la diversidad cultural, civilizatoria, económica y política. Cada vez más países buscan fortalecer su soberanía, diversificar sus relaciones exteriores y basar su política internacional en sus propios intereses nacionales, sin aceptar tutelaje externo. Nuevos centros de poder desempeñan un papel creciente en los asuntos globales. Mecanismos de cooperación como los BRICS, la Unión Africana, la CELAC, la UEE o la ASEAN expresan el deseo de participar en la gobernanza mundial y de reformar un sistema internacional que durante décadas ha funcionado en beneficio de unos pocos. Este proceso es irreversible y responde a una lógica histórica: ningún orden internacional puede sostenerse indefinidamente si se basa en desigualdad estructural.

La verdadera victoria sobre el colonialismo y el neocolonialismo implica la superación de las consecuencias amontonadas durante siglos de opresión, saqueo y explotación. En este sentido, cobra relevancia el debate sobre las compensaciones justas a los países y pueblos que fueron víctimas del colonialismo, la esclavitud, el apartheid y el genocidio. La Unión Africana declaró 2025 como Año de la Justicia para los africanos y las personas de ascendencia africana mediante reparaciones económicas, creó junto con CARICOM un Fondo Africano de Reparaciones y compensaciones. La Asamblea General de la ONU instituyó el Día Internacional de la Lucha contra el Colonialismo en todas sus formas.

Lo más importante para poner fin al neocolonialismo es emprender la unificación de esfuerzos entre Estados, partidos políticos, movimientos sociales, organizaciones académicas y la sociedad civil. Solo mediante una acción colectiva será posible construir un mundo sin dominación de unos pocos ni repetición de las tragedias del pasado.

POR NIKOLAY SOFINSKIY

Embajador de la Federación Rusa en México


© El Heraldo de México