Del dicho al hecho en Medio Oriente

Ante las amenazas continuas de Irán, y la desconfianza hacia Estados Unidos, Pakistán se ofreció a acoger negociaciones entre Washington y Teherán con el apoyo de los Estados del Golfo, Egipto y Turquía. La reunión de ministros de Asuntos Exteriores de países árabes e islámicos en Riad el pasado jueves confirmó que las petromonarquías árabes aspiran a fortalecer la cooperación regional, desde el Golfo hasta el Levante.

En estos días se han observado algunos pasos en ese sentido, que muestran una reconfiguración en proceso de los lineamientos estatales regionales. En este contexto, Arabia Saudita podría desempeñar un papel central en la reconstrucción de un sistema regional al fortalecer sus lazos con los países árabes, Turquía y Pakistán.

El reino saudí, asimismo, ha activado su oleoducto que conecta el Golfo Pérsico con el Mar Rojo a través de Yanbu; este corredor podría convertirse en un eje estratégico que conecte el océano Índico con el Mediterráneo. Se habla también de que Riad podría desarrollar además un corredor terrestre a través de Jordania hacia Siria, y luego hacia Turquía y Europa, permitiendo el acceso directo al Mediterráneo. Qatar, por su parte, podría aprovechar esta situación fortaleciendo su papel en el mercado mundial del gas y desarrollando infraestructura de exportación a Europa a través de Siria y Turquía.

Asimismo, Ankara fortalece sus vínculos energéticos con Irak para consolidarse como una zona de tránsito. Y se ha acelerado el acercamiento entre el Kurdistán iraquí y el gobierno central en Irak. Estas dinámicas presentes y esperadas suenan prometedoras, pero es improbable que se materialicen, o que duren.

Turquía mantiene un equilibrio precario y se prepara para la posguerra, ante el tema kurdo desde Irán y una nueva crisis migratoria que se avecina. La aguda rivalidad saudí-emiratí es profunda y se muestra con crudeza en Yemen, Sudán y en el cuerno de África. Siria, que se aferra a la neutralidad, enfrenta continuas presiones de Tel Aviv y Washington para empujarla hacia una confrontación militar con Hezbolá, al tiempo que el Ejército israelí sigue atacando objetivos del gobierno sirio con la excusa de proteger a la población drusa ahí.

Y Líbano es testigo impotente de cómo Israel vuelve a ocupar el país, al sur del río Litani, lo cual indudablemente complicará aún más el desarme del Hezbolá por parte del gobierno libanés.

Tendría que ser Palestina el centro de las preocupaciones del realineamiento estratégico sostenido. Si algo recordó el 7 de septiembre de 2023, fecha con la que la guerra con Irán se vincula de diversas maneras, es que la autodeterminación del pueblo palestino es un sine qua non de la reducción de la conflictividad de la subregión y de la posibilidad de que gobiernos autoritarios la instrumentalicen. Su solución justa sería también la salvaguarda de países como Siria y Líbano de cualquier intento de reconfiguración territorial y política.

POR MARTA TAWIL Investigadora de El Colmex


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