Todo huele a Serrano
Héctor Serrano Cortés es uno de esos personajes que lastiman la percepción de millones de mexicanos sobre las formas de ejercer el poder. Comenzó su carrera en la operación política dentro de los gobiernos perredistas del entonces Distrito Federal. Es caló posiciones no por votos, sino por su capacidad de negociar el poder.
Fue expulsado por la corriente de la izquierda mexicana que hoy conforma Morena, pero fue arropado por el gobernador de San Luis Potosí, Ricardo El Pollo Gallardo, quien lo tiene como una especie de asesor o jefe de gabinete, aunque muchos lo ubican como el Jefe de Jefes de la plaza.
En Palacio Nacional existe una firme convicción de que Héctor Serrano Cortés, actual diputado local, es el principal responsable de la confrontación que se vi ve actualmente en SLP entre el gobierno de Gallardo y todo lo relacionado con Morena y el gobierno federal.
Esta percepción se fundamenta en que Serrano juró vengarse del movimiento que formó Andrés Manuel López Obrador y de la actual presidenta, Claudia Sheinbaum. Como el titiritero, el asesor hoy mueve un pájaro sin temor a que lo desplumen políticamente.
Recordemos que Serrano Cortés es una de las personas más cercanas a Miguel Ángel Mancera, ex jefe de gobierno de la Ciudad de México, donde ocupó pues tos como secretario de Gobierno, secretario de Movilidad y director del Transporte Vial, y desde donde se en cargaron de presionar y amedrentar a toda la corriente de la izquierda que los expulsó de la capital del país.
Y si alguien duda del estilo con el que se ejercía el poder en ese periodo, basta recordar el episodio de los taxímetros. Bajo el argumento de “modernizar el servicio”, Mancera y Serrano intentaron imponer un sistema de tabletas digitales que obligaba a miles de taxistas a pagar dispositivos, aceptar intermediarios y ceder parte de sus ingresos. No era innovación, era control económico, no era eficiencia, era rediseñar el negocio desde el poder. El rechazo social fue total y, tras la llegada a la jefatura de Gobierno de la entonces alcaldesa de Tlalpan, Claudia Sheinbaum, el proyecto de los taxímetros colapsó.
El asunto fue a tribunales y las autoridades capitalinas evitaron pagar una indemnización millonaria, pero el fondo quedó expuesto, hubo miles de irregularidades en decisiones públicas con beneficiarios poco claros. Un caso que ejemplificaba el sello corrupto de la dupla Mancera-Serrano. Hoy, en San Luis Potosí, no es casualidad la penetración de los cárteles de la droga ni el temor de la población hacia el gobierno de El Pollo Gallardo. Todo huele a “Serrano”.
Recordemos que durante su paso por posiciones claves en el gobierno de la CDMX, se expandieron a sus anchas facciones de cárteles como la Unión Tepito y más de 15 células que hoy tienen presencia en distintas alcaldías de la capital del país. Serrano y El Pollo Gallardo son observados desde Palacio Nacional y por las autoridades del gobierno de Donald Trump, así que sólo imagínese el futuro para estos personajes.
Porque si algo ha demostrado la trayectoria de Serrano es que donde llega hay tensión, confrontación y gobiernos turbios. Pero esta vez, el margen de maniobra es menor y sin duda la historia le cobrará una factura muy cara por retar a Palacio Nacional. Al tiempo.
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