El derrame que no se va |
A más de un mes del derrame en el Golfo de México, la presencia de hidrocarburo en playas donde desovan tortugas marinas y arriban miles de aves migratorias no admite matices: es un daño ambiental grave.
Lo inadmisible no es solo la magnitud del desastre, sino la inacción frente a la crisis. Más cuestionable aún es la postura de la Gobernadora de Veracruz desde el 2024, Rocío Nahle, cuyas declaraciones han oscilado entre la negación y la minimización, evidenciando una preocupante desconexión entre el discurso político y la realidad ambiental.
Mientras brigadas ambientalistas y gobierno federal intentan contener el impacto, los datos oficiales vuelven a exhibir un patrón preocupante. Reportes de Petróleos Mexicanos (PEMEX), han documentado derrames y fugas en instalaciones del Golfo de México en los últimos años, algunos de miles de barriles, con afectaciones directas a ecosistemas costeros. Aun así, la respuesta institucional sigue marcada por la minimización.
De acuerdo con cifras retomadas por medios nacionales, México ha registrado más de 400 incidentes operativos en instalaciones petroleras en la última década, con derrames que, en algunos casos, superan los 3 mil barriles por evento. Especialistas advierten que hasta el 30% de la infraestructura de ductos presenta algún grado de deterioro, lo que incrementa el riesgo de fugas. A ello se suma que los tiempos de contención pueden superar las 48 a 72 horas, periodo crítico para la dispersión del hidrocarburo en ecosistemas costeros.
Ayer desde la mañanera, la Presidenta Claudia Sheinbaum anunció la conformación de un “grupo interdisciplinario de trabajo” para atender el caso, asegurando que habrá coordinación entre dependencias.
Pero si hay un punto especialmente crítico en todo esto, es el papel que ha jugado Rocío Nahle, cuyas declaraciones han sido, por decir lo menos, inconsistentes. En distintos momentos ha negado la magnitud de fugas, ha asegurado que los incidentes están “bajo control” o incluso que no representan riesgos significativos.
Hoy, frente a evidencia visible de manchas en la costa, fauna afectada, denuncias locales, esas posturas no solo resultan insostenibles, sino irresponsables. A más de un mes del derrame llegan las mesas de trabajo, el problema es que ese tipo de anuncios parecen llegar tarde y suenan más a contención política que a solución ambiental.
No se puede construir credibilidad negando la realidad. Y menos cuando se trata de un sector, el energético, que históricamente ha operado con márgenes amplios de opacidad.
Lo cierto es que la crisis ya está en la arena, frente al mar, y frente a miles de pescadores en el Golfo de México, estos derrames significan pérdidas económicas inmediatas y de cara a la Semana Santa. ¿Podrá (COFEPRIS) avalar el arribo de familias a las playas en Veracruz Tabasco y Tamaulipas?
En medio de estas manchas negras con extensión en 933 km, la captura de especies puede caer hasta 40% en zonas afectadas, mientras que vedas sanitarias y contaminación del agua obligan, según la Ley del Sector de Hidrocarburos, a suspender actividades por días o semanas, y eso se traduce en ingresos reducidos, encarecimiento del producto y afectaciones directas a economías locales que dependen casi por completo del mar.
La secretaria de Medio Ambiente federal, Alicia Bárcena Ibarra, realizó en horas recientes, un recorrido por zonas dañadas en Veracruz y aseguró que existirá vigilancia en playas del golfo.
Por otro lado, pobladores y activistas ambientalistas pidieron sancionar a los responsables, y sobre todo proveer de equipo adecuado al personal que está realizando labores de limpieza, dado que algunos compuestos de petróleo son cancerígenos.
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POR KAREN TORRES AGUILAR
PERIODISTA &MKT SPECIALIST